El ya presidente de la Generalitat (traje azul, camisa celeste y corbata a juego), comenzó su intervención con el obligado capítulo de gracias a su familia y, en especial, al presidente saliente, Pasqual Maragall (“por la generosidad humana y política que le ha caracterizado”, dijo Montilla); conjunto de fuerzas políticas (en referencia al tripartito); a los ciudadanos que votaron su candidatura y al conjunto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, reiterando su voluntad de “mano tendida” para afrontar los grandes retos que tiene Cataluña.
José Montilla, con su habitual tono monocorde y su dificultad para expresarse en lengua catalana, se propone contar con todo el mundo (en alusión a los políticos) y también con la sociedad civil catalana. Y se marca como objetivo de su presidencia, el que haya un “clima de confianza política, social y cívica”. Tras, como hiciera el pasado día 23, recordar que él, como presidente es “el depositario de un legado histórico al servicio del pueblo de Cataluña”, marcó las tres coordenadas sobre las que pivotará la acción de él y de su gobierno: “Pensar ordenadamente, actuar racionalmente, actuar cálidamente”.
El presidente socialista, finalizó, con una cita del poeta Salvador Espriu, en la Pell de brau –La piel de toro-, que alguien le había buscado, obviamente, y que se esforzó –sin demasiado éxito—en declamar y que resumió manifestando su voluntad de ser “el más humilde de los servidores del pueblo de Cataluña”.
El adiós de Maragall
Antes de la solemne imposición de la medalla, Pasqual Maragall, el presidente saliente, tomó la palabra para hacer balance de lo que fuera su mandato, hilvanando un discurso de mayor calado político, en el que no obvió algunos de los temas más espinosos vividos, tanto siendo alcalde de Barcelona como presidente de la Generalitat, incluyendo la desaparición del Área Metropolitana de Barcelona, ejecutada por Jordi Pujol.
Primero hizo un repaso a la historia que se materializa en la Plaza de Sant Jaume, desde aquel “Ja sóc aquí” de Josep Tarradellas hasta el momento en que José Montilla, uno de los altres catalans, es investido como presidente de la centenaria institución que demuestra que “somos una nación fuerte, que confía en ella misma”. Y luego, en la parte más política y controvertida, la que marcó sus últimos meses de gobierno, dio su visión del futuro para Cataluña, en un tiempo en el que “las patrias son cada vez más grandes, y la patria de Cataluña es Europa”, de la misma forma, añadió, “que nuestro mundo es mediterráneo”. Remachando que “el autogobierno está aquí para quedarse para siempre”·
“Acabo mi mandato con conciencia del deber cumplido”, dijo despidiéndose, porque, “hemos conseguido algunos objetivos que serán irreversibles”, y también los de una Cataluña más plural.
“Gracias, de todo corazón, ciudadanos de Cataluña”, fue su despedida. Un adiós parcial, porque “no me voy del todo; recupero una libertad que durante un tiempo tuve vetada”, aunque Maragall dijo ser consciente de que pasa el testigo a una nueva generación, la que encarna José Montilla, pero que encarna un patriotismo “que no necesita ser proclamado, que no viene de los padres, sino de la voluntad popular”.
El acto de toma de posesión
En el marco tradicional del Salón de Sant Jordi, el de más capacidad del histórico edificio de la plaza de Sant Jaume, cerca de medio millar de invitados, arropados por una escasa presencia de público, unas doscientas personas. A su entrada, Josep Lluís Carod Rovira fue increpado por una señora. Esta misma se encargó de lanzar –sin éxito—un huevo a Patxi López, secretario general de los socialistas vascos.
Asistieron aparte de las esposas de los presidentes entrante y saliente, Anna Hernández y Diana Garrigosa, el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, en representación oficial del Gobierno central, acompañado por Joan Clos, ministro de Industria y exalcalde de Barcelona. En lugar preferente se encontraban el presidente Pujol, acompañado de su esposa; Marcelino Iglesias, presidente de Aragón; José Blanco, secretario de Organización del PSOE, y los líderes de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria. También se encontraban presentes todos los consejeros salientes del último gobierno de Pasqual Maragall, muchos de ellos, como Montserrat Tura, de Interior, con cara de circunstancias. El resto del público, aparte de las autoridades civiles, militares y religiosas (de todas las confesiones), eran miembros de la llamada sociedad civil.
La ceremonia comenzó a las doce y diez minutos y se dio por acabada treinta y dos minutos después. El líder de los nacionalistas conservadores, Artur Mas, con el portavoz de su grupo parlamentario, no se quedaron al cóctel posterior, siendo los primeros, apenas dos minutos después (eran las 14:44) en abandonar el Palau de la Generalitat. Tampoco se quedó a la recepción José Blanco, que segundos después de Mas, abandonó el edificio