Son palabras de uso común. Algunas en las ciudades; casi todas en el mundo rural. No se trata de cantabrizar artificialmente palabras castellanas haciéndolas terminar en u, que es signo característico del habla popular en algunas zonas de Cantabria. La propuesta de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), recogida en un tríptico con el lema 'son cántabras, son tuyas, úsalas', reúne 70 palabras de origen cántabro, la mitad de ellas recogidas como tal en el diccionario de la RAE.
Son todas las que están, pero no están todas las que son. La recopilación se hace en función de su utilización más frecuente: 'a cuchus' (a hombros); 'atropar' (reunir, sobre todo cuando se habla de la hierba); 'bardal' (desordenado); 'chapapote/pichi' (alquitrán); 'chon' (cerdo); o 'murria' (tristeza). Pindia (empinada) suele utilizarse con redundancia: “Es una cuesta muy ‘pindia’”, se dice.
Entre las palabras reunidas las hay que tienen que ver con meteorología norteña -'chupa' (mojadura)-, con la naturaleza -'argayu' (desprendimiento de tierra y rocas, frecuente en las carreteras de montaña)- o con el hecho incuestionable de ser una comunidad que vive mirando al mar -'cole' (tirarse al agua)-.
Algunas de estas palabras, caso de carrillada (bofetón), vasija (vajilla), o calo (calado), entre otras, figuran en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como origen y uso cántabro.