Una sentencia histórica
martes 11 de noviembre de 2008, 18:34h
Actualizado: 17 de noviembre de 2008, 12:12h
La larga guerra que mantienen desde hace años los vecinos residentes en las cercanías del aeropuerto de Barajas, en defensa de su derecho a dormir por las noches y a descansar tranquilamente en su casa sin el estruendo diario de los aviones, alcanzó ayer un hito histórico: una sentencia del Tribunal Supremo que les da la razón, y que sin duda sienta jurisprudencia para el futuro.
Aunque son muchos los barrios, distritos y municipios que han iniciado acciones contra Aena por la ampliación del aeropuerto y por los ruidos que ésta les ha metido en casa, en el sentido literal de la expresión, en este caso han sido los residentes en la urbanización Cuidad Santo Domingo los que han conseguido llevarse el gato al agua, judicialmente hablando. En esta zona, la constancia y el tesón de los demandantes ha conseguido emular la proeza de David contra Goliat. Primero fueron 346 los vecinos que protestaron y pidieron medidas correctoras e indemnizaciones. Pero un primer fallo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de enero de 2006, les negó la razón. La mayoría desistieron; es difícil, costoso y casi siempre agotador luchar contra la burocracia administrativa.
Pero cinco vecinos de la Colonia Santo Domingo insistieron: no se resignaron. Y llevaron sus quejas, en forma de recurso, hasta el Tribunal Supremo. Que ahora ha respondido condenando a AENA a indemnizar a los vecinos de la urbanización, y a adoptar las medidas que reduzcan las molestias acústicas en esta zona, situada a apenas 18 kilómetros de las nuevas pistas de la T-4.
Madrid cuenta con un aeropuerto de calidad internacional, considerado de los mejores del mundo en la actualidad. La ampliación realizada recientemente ha sido no sólo oportuna, sino imprescindible para que no se colapsara, dado el volumen de tráfico aéreo que soporta. Pero es imperdonable que eso no se haya podido hacer compaginando avances técnicos y progreso con respeto al bienestar de los vecinos. Hay métodos para aislar acústicamente las viviendas; hay ligeras variaciones en la dirección de las pistas que evitarían las molestias más significativas. Hay soluciones, si se quieren buscar. Los ciudadanos, cada uno de ellos, se merece ser tratado con respeto por sus administraciones, y no como una minúscula hormiga vista desde los ojos de un elefante.