Del 4 de noviembre a hoy, el presidente del Congreso de los Diputados, el socialista
José Bono, ha cometido dos errores. El primer error, a juzgar por su posterior rectificación, fue sumarse a la propuesta de
Jorge Fernández Díaz, vicepresidente segundo del Congreso, de colocar una placa de homenaje a sor
Maravillas Pidal y
Chico de Guzmán en el Congreso. Un honor que sólo se ha otorgado a los Reyes y a
Clara Campoamor, promotora del sufragio femenino. Sor Maravillas, una carmelita descalza perseguida en la Guerra Civil,

de la que, por fortuna, salió con vida, fue canonizada en Madrid, junto con otras cuatro personas, por el papa
Juan Pablo II. Sor Maravillas nació en un inmueble que ahora está integrado en las dependencias del Congreso de los Diputados y murió en Madrid en 1974. La contundente reacción del PSOE y de IU contra este homenaje ha llevado al presidente del Congreso a anular la decisión que tomó la Mesa del Congreso el 4 de noviembre. Entre estos actos – decisión de celebrar el homenaje y decisión de anularlo – José Bono cometió un segundo error. En tono jocoso dijo a tres diputados del PP que en esta historia
“hay una santa y algún malo, y los hijos de puta del partido propio”. Este comentario, que fue captado por las cámaras de televisión, demuestra que los errores, al menos en esta ocasión, nunca vienen solos. Bono ha ofendido de paso a las prostitutas que de ningún modo se merecen el despectivo nombre de putas, quizá la palabra más infamante de nuestra lengua.