Bueno, ya pasó el primer asalto festivo de este mes de diciembre. Atrás quedó el puente de la Constitución Inmaculada, entre lluvia, frío, atascos circulatorios a la ida y a la vuelta y hasta políticas regurgitaciones mentales de toda índole. O sea, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y comercializados niños y niñas que me leéis, ya estamos en las Navidades, las primeras de esta crisis globalizada. Los centros comerciales así lo han decidido, aunque, por lo que observo desde el climatizado habitáculo de mi Rolls Royce, no es que las clases bajas anden mucho por la labor de subirse al carro del consumo y a practicar eso de la elegancia social del regalo.
Hay muchos de vosotros/as que llevan unos cuantos años apuntándose a eso del comercio justo. Por ejemplo, mi sobrina Elisa de las Mercedes que, como sale en la actualidad con un angolano con pinta de macarra de Harlem, nos ha obligado a adquirir como media tonelada de café de Angola. Mamá se ha contrariado algo por ello, mientras que yo lo achaco, en el caso de mi sobrina favorita, al inevitable furor de los neoconversos. Por mi parte, claro está, no veo ni bien ni mal lo del comercio justo. Si la progresía en general y las clases bajas en particular se quieren marcar el detallito, que lo hagan en buena hora, todo sea por la estabilidad monetaria. Porque, y esto es lo importante, un kilo de café o de cacao, de esos que venden alegremente en las tiendas de muchas oenegés, como que cuesta un 50% más que un producto semejante adquirido en un supermercado.
Bienvenido sea el comercio justo, aunque como señalaba hace una semana, en el club, Geni Giral, aquí, en nuestras avenidas, calles y plazas, a diario asistimos a actos de comercio injusto. No se perpetran con nocturnidad, pero sí con alevosía. Y esto es un problema que tengo yo tanto en mi palacete familiar como en el edificio sede de nuestro holding. ¿Os habéis dado cuenta, pequeñines/as míos/as, en qué se han transformado los diarios españoles, sean nacionales, nacionales o locales? Pues en tiendas de electrodomésticos y hasta de vajillas y lencería doméstica. Desde hace ya como un par de años, no hay rotativo que se precie que no se dedique, cupones diarios y cartillas por medio, a la venta de televisores, ordenadores, teléfonos móviles, edredones, vajillas, cristalerías, cuberterías, reproductores de DVD, consolas de videojuegos y hasta vinos y jamones ibéricos.
Salvo los cupones recortables, el resto del diario ya ni siquiera sirve para envolver los bocatas del obreramen; a lo sumo, es la base sobre la que se coloca el serrín sobre el que hacen pipí y popó las mascotas domésticas de las clases inferiores. (Para Nelson, mi galgo afgano, dí orden que la base fuesen hojas del Financial Times, sobre las que se extiende una buena capa de serrín de cedro y áloe, que son maderas aromáticas). Lo cierto es que, por ejemplo, en nuestras oficinas familiares, hay batallas campales entre los ejecutivos de segunda y los administrativos, a la hora de hacerse con los susodichos cupones.
Y, entiendo yo, la consternación de mi buen amigo Isidoro Álvarez, el presidente de los Grandes Almacenes más Grandes Almacenes de los Grandes Almacenes de España y Parte del Extranjero. ¡¡¡La Prensa escrita le hace competencia desleal!!! Lo que yo os diga. ¿Alguien, por ventura, ha entrado en un Sony Center –un suponer—y, en lugar de una cadena de sonido se ha comprado un periódico del día? ¿A que no? ¿Por ventura, cuando vais a comprar un minipimer, una licuadora o una plancha eléctrica, en la tienda de electrodomésticos os dan una cartilla para que enganchéis los cupones que os permitirán llevaros, diez días después, gratuitamente la edición dominical del rotativo de vuestra preferencia? Como que tampoco, claro.
Así pues, y a este paso, amadísimos/as de mi paterno corazón, a la vuelta de unos meses, las cabeceras de los grandes rotativos españoles deberían figurar como “El País de la Imagen y del Sonido”, “El Mundo del Hogar”, “ABC de la Vajilla”, “La Razón de los Electrodomésticos”, “La Voz del Vino”, etcétera… Y los kiosqueros, los vendedores de prensa, deberían cambiar el convenio laboral por el que se rigen en la actualidad y sustituirlo por el de trabajadores fijos discontinuos en el sector del comercio.