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Boadilla en Elm Street

lunes 09 de febrero de 2009, 22:07h
Aquí, o no dimite nadie, o tenemos dimisiones a pares. 21 días pedaleando con la trama, presunta trama, de los espías madrileños y cero bajas. Apenas 72 horas con la operación del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón y las bajas vienen como las inseparables coristas de Julio Iglesias: de tres en tres.

El deporte de dimitir no tiene muchos federados ni este país ni en esta región. Hay que remontarse hasta octubre de 2006 para ver una dimisión de cierto peso en el gobierno regional. Fue la del director general de Urbanismo Enrique Porto Rey. Y ahora de un plumazo tenemos dos: la de todo un consejero de Deportes, Alberto López Viejo, y otra de menor rango como es la del director del Mercado Puerta de Toledo, Guillermo Ortega.

Si a esto le sumamos lo de Boadilla del Monte tenemos la perfecta definición de vodevil: comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades. La NO dimisión, o la dimisión por partes, del alcalde de Boadilla ha tenido un poco de todo esto. Frivolidad a la hora de dar mensajes completamente opuestos según la acera de la calle Génova en la que se encontrasen los afectados. Mariano Rajoy en la acera de la sede nacinoal del partido diciendo que Panero dimitía.

Y Panero en la acera de la Audiencia Nacional diciendo lo contrario. Ligereza por las mismas razones. Intriga y Equívoco a raudales, sin saber a que atenerse con mensajes que decían lo mismo y lo contrario, sin el más mínimo rubor.
Quizá lo único que no hemos tenido es números musicales y de variedades, ni picante. Menos mal.

Si es por aportar algo, igual hay que abrir un nuevo género en las películas de terror: Boadilla en Elm Streeet. Falta por averiguar quien hace de Freddy Kruger.
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