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Excusas para el VRAE

Excusas para el VRAE

miércoles 22 de abril de 2009, 01:58h
Además de incompetencia, terquedad. Desde hace meses se hizo evidente que la estrategia diseñada por las Fuerzas Armadas para combatir los remanentes de Sendero Luminoso en el VRAE estaba equivocada. A pesar de lo cual han insistido en lo mismo. Ahora hay que agregar 14 soldados al elevado número de muertos y heridos de las fuerzas del orden.

Como se advirtió en este blog (El Mito de Viscatán, 29 de diciembre de 2008), ocupar ese macizo montañoso es un grave error. Es un terreno escarpado, inhóspito, propicio para las emboscadas y poco poblado.

Las bases que han instalado los militares en la zona son difíciles de abastecer. Por helicóptero es muy costoso y peligroso, más aún ahora que los senderistas tienen nuevas y más potentes armas arrebatadas a los militares. Por tierra es muy arriesgado, los terroristas siguen merodeando por allí, conocen el terreno y pueden atacar la línea de abastecimientos a su antojo.

Lo peor es que las bases son inútiles, como se ha demostrado hasta ahora. Las columnas senderistas simplemente se han movido a otros lugares y perpetrado más emboscadas, como la ocurrida en Tayacaja, Huancavelica, donde, en octubre del año, asesinaron también a 14 militares y les arrebataron todo el armamento.

La revista “Caretas” en su último número, encuentra un sentido diferente a la instalación de esas bases. Citando fuentes militares anónimas, dice que se trata de instalarse en las rutas del narcotráfico para cobrar cupos. ¿Será cierto?

En cualquier caso, ni los responsables políticos ni los jefes militares admiten sus errores, ni protervas y ocultas intenciones, en caso de haberlas. Inventan sí, excusas ridículas para desviar la atención y sus responsabilidades.

Una de ellas, es que los militares siempre saben lo que hacen y siempre lo hacen bien. Por tanto, nadie puede discutir sobre esos temas. Ellos son los profesionales de la guerra, los técnicos. El resto debemos dedicarnos a debatir cosas como la ayuda social, si hay suficientes postas médicas o programas de lucha contra la pobreza.

Ese argumento es, por supuesto, deleznable. Si así fuera, nadie debería opinar sobre la sentencia de Alberto Fujimori, salvo los abogados penalistas. Nadie debería decir una palabra sobre la crisis económica y las medidas del gobierno, salvo los economistas titulados. Y así hasta el infinito.

Es cierto que en el caso específico de los temas militares, los uniformados han logrado que muy pocas personas se interesen en esos asuntos y sean menos los que se atreven a dar una opinión, básicamente porque casi todos les tienen miedo.

Sin embargo, como decía Georges Clemencau, la guerra es un asunto demasiado importante para dejarla en manos de los militares.

Peor todavía si, como sabemos, las cosas no marchan bien en las Fuerzas Armadas: corrupción, politización, mediocridad. Muchas veces los ascensos y los cargos no se deciden por méritos, sino por vara o cosas peores.

Como dice un historiador británico, “lo cierto es que ha habido una plétora de estúpidos vistiendo los uniformes de todas las naciones, mandando ejércitos, flotas y fuerzas aéreas, enviando a centenares de miles de hombres a morir innecesariamente.” (Geoffrey Regan, “Historia de la incompetencia militar”, Crítica, 2001). A nosotros nos ha tocado una cuota desproporcionada de ellos.

Otra excusa absurda que se ha utilizado para justificar los errores, es que los defensores de los derechos humanos obstaculizan la acción de las Fuerzas Armadas. Si no fuera por ellos, ya habrían acabado con los terroristas.

Según esa versión, las ONGs de DD.HH. interfieren en las acciones y no dejan trabajar a los eficientes militares.

Eso es una ridiculez. Los militares no hacen ningún caso a las ONGs y, además, por lo general no pagan las consecuencias de las violaciones a los DD.HH. Por ejemplo, al comienzo de las operaciones en el VRAE, mataron por error a cuatro campesinos que, según se descubrió después, no eran terroristas sino ronderos. Como la vida de los pobres vale muy poco, nadie es responsable por ello.

Por último se dice que si no se hace nada, no habrá bajas. Así, hay pérdidas militares porque se está avanzando. El problema es que hasta ahora, las bajas son de un solo lado, de las fuerzas del orden. El Ejército instaló un general en el VRAE para dirigir las operaciones, en diciembre de 2006. Ya han pasado casi dos años y medio, tiempo suficiente para esperar resultados.

En suma, abunda la incompetencia y la irresponsabilidad. Falta sentido autocrítico y voluntad de rectificación.

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