A Hugo Chávez le gusta pensar que por haber recibido el respaldo de la mayoría en diversos procesos electorales es un presidente democrático. No parece o no quiere entender que la democracia es mucho más que el simple conteo de votos; que para ser considerada como tal, más allá de elecciones equilibradas (que no se han dado desde hace mucho en Venezuela, donde Chávez ha usado la maquinaria electoral a su favor) y transparentes, debe cumplir otros requisitos, como la alternabilidad en el mando (concepto que seguramente ignora quien quiere ocupar su cargo hasta el año 2021), el respeto a los opositores (a quienes Chávez constantemente denigra) y, sobre todo, la libertad.
Sucesos ocurridos la semana pasada demuestran que la libertad en Venezuela está siendo peligrosamente restringida. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, cuyas opiniones en contra de regímenes con ínfulas totalitarias son conocidas, fue retenido en el aeropuerto de Caracas, cuando llegaba para participar en una conferencia.
Lo mismo ocurrió con el ex candidato presidencial de Chile, Joaquín Lavín. A ambos se les advirtió que, por ser extranjeros, no podían expresar sus opiniones en contra del régimen de Chávez. La amenaza resulta llamativa, por decir lo menos, viniendo de un gobierno cuya cabeza, en su calidad de Jefe de Estado, no ha tenido el menor recelo en inmiscuirse en asuntos internos de otros países.
El Gobierno de Chile ha lamentado la amenaza sufrida por Lavín y ha resaltado su posición de que cualquier persona está en derecho de expresar sus opiniones sin importar donde se encuentre. Seguramente, esta declaración ha revuelto el estómago de los presidentes “bolivarianos”, empeñados en coartar la libertad de expresión y que ven en la prensa crítica a su mayor enemigo.
Si por ellos fuera, los medios no serían más que máquinas repetidoras del discurso oficial y los periodistas una tarea de aduladores. Menos mal, en la región hay gobiernos comprometidos con la democracia que no apoyarán sus alarmantes pretensiones de acallar a la prensa libre.
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