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Ni Salgado ni Corbacho: Zapatero deja en manos de un 'fontanero' la gestión de la crisis

El asesor Javier Vallés se hace con todo el poder del Gobierno en materia económica

El asesor Javier Vallés se hace con todo el poder del Gobierno en materia económica

miércoles 03 de junio de 2009, 13:03h
Actualizado: 05 de junio de 2009, 07:28h
La gestión de la crisis, según Rodriguez Zapatero, pasa por lograr un final feliz para el dialogo social entre empresarios y sindicatos. Una solución que, según ZP, no  es capaz de obtener ni Elena Salgado, la cual, en tan sólo unos días ha pasado de ser una interlocutora a una decepción, según una fuente próxima a Moncloa, ni Celestino Corbacho quien tendría todas las papeletas para ser cesado si Zapatero, algo prácticamente improbable, decidiese llevar a cabo una crisis de Gobierno.
 El Presidente sigue pensando que es el mejor  gestor de la crisis económica en el seno del Gobierno. No confía ni en Salgado ni en Sebastián, ni en Corbacho. Y, en alguna ocasión, llama a Pedro Solbes para pedirle consejo, aunque todo el mundo sabe que el ex vicepresidente se fue porque estaba harto de la actitud de su jefe. La misma que ahora mantiene con quienes le han sucedido.

    De ahí que Zapatero haya decidido que sea su propio aparato económico, el encabezado por el director de su  Oficina Económica, Javier Vallés, el que lleve el peso de las acciones a llevar a cabo en los próximos meses. La más importante, el diálogo social.

   Ni a UGT ni a CCOO les gusta Elena Salgado como interlocutora. La Salgado no tiene buena fama, ni como ministra de Administraciones Públicas, donde tuvo que gestionar al cuerpo de funcionarios de la Administración central. Ni cuando fue directora de costes de personal y pensiones públicas del Ministerio de Economía cuando estaba al frente Carlos Solchaga y decía a Apolinar Rodriguez y a Agustín Moreno como interlocutores sindicales. Los sindicalistas recuerdan con verdadera acritud las frases de Salgado y solchaga diciendo que "se conformen los funcionarios con la subida que les damos. Que para eso tienen el puesto de trabajo asegurado". Era la época en que se pedía el pago de la "deuda social", el dinero que los empleados públicos habían perdido como consecuencia de la desviación del poder adquisitivo.

    Los sindicatos tampoco están muy satisfechos con Vallés como interlocutor. Pero, al menos Cándido Méndez lo  acepta porque así se lo ha pedido su amigo Zapatero. Ahora bien, el problema no reside en los representantes del Gobierno sino en la intransigencia empresarial y más concretamente del presidente de la CEOE, Díaz Ferrán y  de Bárcenas, presidente de la CEPYME.

   De momento en Moncloa se ha optado por presionar a los interlocutores de la forma que mejor se puede hacer:: mediante la congelación de fondos que condiciona el funcionamiento de las organizaciones. (Ver exclusivos de Economía). Vallés piensa que, de esta manera logrará sentar a los interlocutores sociales en una mesa en la que hay que proceder a discutir, con carácter de urgencia, un importante punto: la reforma laboral. El alcance de la misma es lo que se desconoce y lo que provoca desconfianza entre las partes a pesar de que Zapatero ha prometido a los sindicatos que no se abaratará el despido. De todas maneras, y una vez haya pasado el periodo electoral, veremos cual es la actitud del Gobierno, y su punto de partida en las negociaciones que se avecinan
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