martes 01 de febrero de 2011, 21:17h
Actualizado: 02 de febrero de 2011, 00:12h
No deja de sorprenderme la insistencia con que el ex presidente Aznar viene clamando contra las Autonomías usando un “discurso grueso” que, en mi opinión, tiene pocos matices y mucho olvido. Tampoco entiendo bien que el discurso oficial del Partido Popular (validez del modelo, corrección de los excesos mediante un techo de gasto) contraste tanto con esa otra posición dura y que ambos se manejen en paralelo sin mayor rubor.
D. José Mª Aznar presidió un tiempo nuestra Comunidad. Yo estaba allí y contemplé a diario la proclama contra el Gobierno de entonces reclamando más autonomía, más competencias y más capacidad de gasto. Hasta se planteó ya entonces, y con ese fin, una reforma del Estatuto de Autonomía, que muchos juzgamos prematura y unilateral. Se fue de aquí, llegaron las elecciones generales de 1996, necesitó apoyos parlamentarios para obtener la primera investidura como Presidente del Gobierno y firmó un pacto con nacionalistas vascos y catalanes en el que se abrieron las compuertas autonómicas como nunca antes había ocurrido. Hasta Arzallus confesó en aquel trance que había obtenido más de Aznar en 15 días que de Felipe González en 15 años. De entonces viene la que se llamó “competencia plena” en el tramo cedido del IRPF (que en el País Vasco fue toda, y acompañada de la “ley del cupo” que completaba el concierto fiscal); de su época viene la transferencia generalizada de las competencias que generan más gasto (educación, sanidad, servicios sociales) y que, en honor a la verdad, lo generarían también si siguieran en manos del Estado, teniendo en cuenta la evolución demográfica que se ha producido desde entonces. Aunque sea un asunto más bien simbólico, pero bastante significativo en lo que afecta a la presencia del Estado en el territorio, de entonces viene también la desaparición de los gobernadores civiles como representantes del gobierno en las provincias y su sustitución por los subdelegados del gobierno.
Aunque sólo fuera por eso, y porque nobleza obliga, convendría ser algo más prudente y ejercer la memoria. Primero, distinguiendo: una cosa es que haya que poner remedio a excesos, duplicidades, endeudamientos y distorsiones, que un poco de todo hay, y otra cosa bien distinta es que se cargue la factura contra un modelo territorial que, analizado con seriedad, ha propiciado avances indiscutibles y ha facilitado políticas de proximidad que difícilmente se hubieran desarrollado desde un Estado centralizado, como la historia lo demuestra. Después, usando del rigor: el coste creciente de determinados servicios no es un efecto del sistema autonómico, sino de la evolución en demanda y calidad, que hubiera sido la misma en todo caso.
Simplificando: pongámonos a corregir lo que deba ser corregido, pero mantengamos lo que merezca ser mantenido. Y procuremos hacerlo con el máximo de acuerdo posible. Sin demagogia, con perspectiva de futuro, y de pasado. Dice un amigo mío que todos seríamos más felices si desaparecieran las hemerotecas. Pero yo más bien creo que la felicidad desmemoriada es tan corta como artificial.
Jesús Quijano. Diputado PSOE.