Pues sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y amonclovados niños y niñas que me leéis, esta mañana, al filo de las once (hora local española) ZetaPé y Marianito Rajoy se ha n estrechado las manos en la escalinata del Palacio de La Moncloa. El Capataz Mayor de las Españas y el Presidente del Partido Popular de las ídem, como era de espera, se han reunido para hablar de sus cosas, como buenos amigos. Bueno, o casi, claro...
La verdad es que el asunto fue como una de aquellas añoradas entrevistas o lo que fueran de Tip y Coll. Eran dos excelentes personas, como casi la cumbre del surrealismo humorístico español, que funcionaban estupendamente sobre el escenario, pero que luego, fuera de él, no es que se llevaran mal, es que no se llevaban. Lo mismo que nuestra parejita de hoy...
Llega el uno (Rajoy) a la puerta de La Moncloa, se baja del coche y sale el otro (Rodríguez Zapatero) y se queda como aparcado (apalancado que dicen los destructores del lenguaje) en la meseta que corona la escalera, bajo el pórtico y a la sombra. Rajoy sube hasta su altura. Ambos se estrechan las manos. La jauría de los reporteros gráficos, teleobjetivos en ristre, les piden que prolonguen el momento. O sea, que no sueltan el estrechamiento de manos. “Dame la manita, Pepe Luí...” parece que dice el más alto (Rajoy, para ser exactos). “Toma mi manita, Marianín...”, amaga a responder ZetaPé. Y sonrisa por partida doble. Sólo les faltaba la chistera al uno, el más alto, y el bombín al otro, el algo más bajito y de cejas circunflejas. Las cámaras inmortalizan el histórico momento.
Ya de puertas adentro, sentaditos Zapatero en su sillón y Rajoy en el ángulo del sofá, hablaron de lo que hablaron. Y, por el bien de España, espero, pequeñines/as míos/as, que fuese de cosas interesantes, que para eso es lunes, como la tercera victoria consecutiva de Rafael Nadal, en el Trofeo de Roland Garros; lo apretada que va la Liga de fútbol, que a ver si se la lleva el Real Madrid (lo que pondría a Rajoy al borde del éxtasis, tras la victoria de los de Sarkozy en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas); del metafórico batacazo de Fernando Alonso en el Gran Premio de Montreal de Fórmula Uno; y, al final, supongo yo, que lo harían, en plan sketch tipicollesco (¿sería el de la cabra o el de cómo llenar, en francés, un vaso de agua?) de lo que se nos viene encima con los etarras yendo, une autre fois, por el sendero de la bomba y los tiros.
Eso sí, acabado el temario, cada uno a su casita. Recuerdos a la familia, unas palmaditas en el hombro. Rajoy sale hacia la calle Génova, donde está la sede del PePé. Zapatero pide que le venga a ver María Teresa Fernández de la Vega, para que se encargue de contar la cosa a los de la canallesca.
A ZetaPé y a Marianito sólo les faltó decir, como oración, despedida y cierre, aquello de “Y la próxima semana, ¡¡¡hablaremos del Gobierno!!!”.