miércoles 06 de abril de 2011, 20:11h
Actualizado: 08 de abril de 2011, 00:55h
Fuera y dentro de Estados Unidos los medios informativos dieron como gran noticia que el presidente Barack Obama buscará la reelección el próximo año, algo que todos daban aquí por seguro y en lo que cuenta con perspectivas favorables.
Es cierto que las encuestas muestran una nueva pérdida de popularidad y que la mitad del país considera que Obama no merece cuatro años más en la Casa Blanca, pero las probables mejoras económicas seguramente cambiarán la actitud del país hacia su presidente, que dentro de 20 meses podrá además apuntarse tantos por haberse retirado del Irak y el Afganistán.
Pero su mayor ventaja parecen dársela los republicanos, quienes lo tienen difícil para repetir el año próximo su victoria en las urnas de las elecciones parciales del pasado noviembre. Es verdad que, en aquellos momentos, las fuertes pérdidas demócratas fueron un referéndum contra el presidente, pero en los comicios generales Obama tiene muchas ventajas de que no gozaron sus correligionarios demócratas.
La más importante es la falta de un rival creíble republicano y, aunque todavía es posible que aparezca un salvador capaz de enarbolar la bandera conservadora y arrastrar a todos los descontentos, cada día que pasa esta posibilidad disminuye.
Entre los republicanos están las estrellas ya pasadas, como Mitt Romney o Mike Huckabee, que fueron candidatos a la Casa Blanca en el 2008, pero en el tiempo transcurrido no han ganado en un escaso atractivo que tuvieron entonces y su retorno resulta un reciclado poco prometedor.
Están las caras nuevas, como el senador de Florida Marco Rubio o el también senador de Kentucky Rand Paul, pero en el caso de Rubio es todavía muy joven y ambos son fácilmente vulnerables por formar parte del Partido del Te, considerado por muchos como de extrema derecha . El mismo problema tiene Sarah Palin, la que fue candidata a vicepresidenta con John McCain, y que en un momento pareció tener un prometedor futuro político, pero el tiempo transcurrido desde las elecciones la ha dado a conocer al país, que la ve hoy a una luz todavía peor que hace tres años.
Hay también algunos gobernadores presentes o pasados, cargos considerados como un trampolín ideal para aspirar a la presidencia, como Chris Christie de Nueva Jersey o Tim Pawlenty de Minessota, o Haley Barbour de Mississipi o Budy Roeamer de Louisiana. Sus mejores argumentos son la buena gestión al frente de sus respectivos estados, pero las personas próximas a ellos indican que se sienten poco inclinados a presentarse.
Otro personaje con grandes calidades pero en unas circunstancias muy adversas es Jeb Bush, quien fue gobernador de la Florida mientras su hermano era presidente. Jeb parece tener una personalidad mucho más reflexiva y moderada que George W. y los expertos políticos le auguraban un gran porvenir antes de que su hermano dañase gravemente la 'marca' Bush. "En la Casa Blanca se han equivocado de Bush" decían muchos entonces y el propio Jeb declaró que se había quedado sin futuro político.
Por no hablar de personajes de posibilidades tan remotas como Newt Gingrich, quien presidió la Cámara de Representantes hace casi 20 años y no ha parado de cometer errores políticos desde entonces, a los que se suma una vida personal poco edificante, que se vende mal en el electorado conservador. O Michelle Bachman, la congresista de Minessotta considerada como una de las figuras más flamígeras del Partido del Te: genera tal entusiasmo conservador que flota en dinero de donaciones, pero tal fervor partidista no es buen augurio para las elecciones presidenciales que se ganan en el centro.
Si Obama no parece tener enemigos de talla entre los republicanos, se enfrenta a un problema diferente con los demócratas: la falta de rivales para las elecciones primarias, a las que si algún demócrata se presenta será, o bien para darse a conocer con vistas a las elecciones del 2016, o por disciplina de partido.
Hay quienes recuerdan que nadie quería presentarse en 1982 contra George Bush, que gozaba de una popularidad estratosférica y los demócratas dejaron todo el campo a un gobernador desconocido de un pequeño estado sureño, Bill Clinton, que supo aprovechar la crisis económica para convertirse en presidente por ocho años.
Pocos creen que la historia se repita, porque si los medios informativos se cebaron en Bush, en su día, siguen adorando a Obama. A pesar de todo, el presidente no quiere correr riesgos y ha puesto en marcha ya la maquinaria más efectiva para ganar: un sistema para recaudar donaciones que podrían sumar más de mil millones de dólares.