"El bando y los bandarras"
martes 26 de abril de 2011, 18:53h
Actualizado: 26 de abril de 2011, 22:41h
Un año más comienzan en Murcia las Fiestas de Primavera, con el día del Bando de la Huerta, que se pretende erigir en fiesta de exaltación huertana, en que el costumbrismo de la huerta se hace realidad en el desfile huertano y la asistencia a las numerosas barracas por parte de la población murciana, dando ese toque festivo de peculiar tipismo etnográfico.
Sin embargo, como toda exaltación festiva, con la consiguiente alegría de excesos de ingesta bien rociada con bebidas alcohólicas al uso, hace que la desinhibición general se vaya extendiendo entre gran número de festeros, dando lugar a situaciones no recomendables, producto de la intoxicación etílica de los que no se saben contener. Especialmente muchos jóvenes y adolescentes, que suelen acabar la “cogorza” de mala manera por las calles de la ciudad, dando un lamentable espectáculo a turistas, visitantes y ciudadanía en general, cuando no lleguen a tener que ser asistidos por los servicios sanitarios de urgencia.
Esta peculiaridad, que no suele estar en el programa festivo, lamentablemente acaba apareciendo en la realidad de la fiesta, tornando la fiesta en una imagen patética que no se merecen ni los festeros, ni el pueblo de Murcia. Puesto que para alguna gente joven, el disfrute y la diversión no se entiende sin acabar en una melopea, algo propio del nihilismo social dominante, donde a falta de valores superiores de la persona y de la convivencia humana, se vive un hedonismo existencial del “carpe diem”, cuyos frutos así se recogen con ocasión de cualquier festejo, o excusa social.
Pero siendo esto socialmente grave, no podemos cerrar los ojos a otras imágenes, que antaño, o quizá en otro momento no serían socialmente toleradas, por lo que supone del uso indebido de espacios públicos, al imponerse la costumbre –en todas las edades- de acampar en jardines públicos, con instalación de toldos, mesas, sillas, y hasta cocinas de butano para asar viandas en pleno césped de jardines municipales. Algo, que por muy condescendiente que se pretenda ser con los atávicos vecinos que se echan a la calle a comer y beber, exhibiendo su particular disfrute, no deja de ser una falta de consideración con los jardines públicos, en los que el municipio está empleando personas y bienes para mantenerlos limpios en aceptable estado de conservación de diferentes especies florales, que con en este día del Bando con la invasión de los “bandarras” sufren un profundo deterioro, con el consiguiente coste para las depauperadas arcas municipales.
Por todo ello, no creemos que la fiesta del Bando de la Huerta fuera jamás concebida con este nivel de degeneración expuesto, debiendo reivindicar el sentido de la misma, y denunciar estos extravíos, que deberían reconducirse por la autoridad municipal, evitando situaciones patéticas de borrachera generalizada, por un lado, y por otro, la caótica y dañina invasión de los jardines municipales. Pues el que quiera comer fuera de casa tiene las barracas, o incluso se les podría habilitar zonas de esparcimiento compatible con dicho fin. Prohibiéndose los excesos, con las consiguientes multas municipales; pues no tiene sentido cuidar los jardines todo el año, para destrozarlos en este día, con la pasividad de las autoridades municipales.
En esto, encontramos al alcalde Cámara distraído con las próximas elecciones locales, pues no ha aprendido de las experiencias de otros años para evitar estos desmanes en el patrimonio público. Acaso piense que queda mejor “poniéndose de perfil”, que es su postura habitual desde que desembarcó en la política.