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¡No puede ser!

¡No puede ser!

lunes 04 de diciembre de 2006, 22:45h
Actualizado: 03 de octubre de 2007, 18:11h
Sí, no puede ser que quienes le hicieron tanto daño a la democracia sean ahora sus más fervientes defensores. ¡Los monjes del templo! Se trata de una verdadera infamia y despropósito. ¡No puede ser que el espurio Wálter Guiteras interpele al gobierno en nombre de la democracia! ¡No puede ser que Jorge Quiroga, vicepresidente de un ex dictador, sea quien se llene la boca con la palabra democracia! ¡No puede ser que Samuel Doria Medina, quien se ha favorecido con las dádivas del mirismo (léase fábrica de cemento Fancesa), pretenda ser el salvador de la Asamblea Constituyente, cuando lo único que pretende es salvar sus intereses! Y la camada del cinismo suma y sigue.
Algo está reverendamente mal. El que una palabra noble que atravesó siglos y continentes esté en bocas tan innobles le hace daño a la democracia. La descalifica en cuerpo y alma. Estamos ante una perversidad comunicativa: la calidad del emisor desacredita el valor del mensaje. Todos estos oscuros personajes están medrando de su prestigio y la dejarán vacía de continuar en la tarea. A esto podríamos llamar con George Orwell un "crimental", o sea, un crimen mental: han secuestrado el término democracia, lo han reducido a un simple juego de reglas, y con ese martillo en la mano juzgan a diestra y siniestra.
Si la democracia está siendo conceptualizada sólo como reglas de juego, y no permite que avance la democracia de los principios (igualdad, inclusión y justicia), estamos ante un cuerpo sin alma. Una cáscara vacía. Lo que la democracia es –recordando a Sartori– no puede separarse de lo que la democracia debiera ser: sus ideales y valores. Y de este tesoro valioso, no hay nada en esas bocas que han convertido a la democracia en un parapeto de intereses y privilegios
¿Cuál es el peligro? La ciudadanía puede tomar distancia ante lo uno (la democracia) por el descrédito de lo otro (los canallas que la usan y abusan). La democracia por sus ideales debe reencontrarse con el cambio social y no quedarse estancada en las reglas de juego, que debieran institucionalizar el cambio y no convertirse en su mayor obstáculo. Lo táctico debería subordinarse a lo estratégico. Lo secundario a lo primario. De esta manera se podrá evitar seguir rodando por la pendiente del nihilismo político: destruir la democracia por adelgazarla al mínimo y, sobre todo, por andar mal acompañada.
La democracia vive un proceso de vaciamiento. Se requiere recargarla de contenidos. También padece un problema altimétrico: hasta ahora se le pedía poco, pues eso era todo lo que requerían los intereses establecidos para continuar el "bon vivan". Así la democracia terminó por convertirse en un alma en pena. Y que indigna si mira con indiferencia la realidad del país: pobreza, desigualdad, discriminación. ¿Qué vale, si no toma el valor de encarar los grandes problemas? No podemos perder la brújula, porque entonces la navegación puede terminar girando alrededor del manual de instrucciones.

 César Rojas Ríos, sociólogo, comunicador social y ensayista. Ha escrito
"Angeles decapitados. La situación de los medios masivos en Bolivia", "Los
campanarios de la ira", "La ciudad vagón. Los hilos negros de la Ciudad
Blanca", el "Sacro objeto. Televisión y entretenimiento".

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