Escritos en libertad: Herrera premia la eficacia frente a la política
martes 28 de junio de 2011, 22:38h
Si se le preguntara a alguien alejado de la vida política que se cuece en la hoya de Valladolid, probablemente contestaría que Juan Vicente Herrera ha resuelto la siempre escabrosa tarea de formar gobierno guiado por un principio: la eficacia hasta allí donde se lo ha permitido la política. Herrera ha premiado la eficacia en la gestión al mantener a Silván al frente de Fomento, a Silvia Clemente en Agricultura y a Juan José Mateos en Educación. Al consejero leonés incluso le ha añadido tareas fundamentales y en ningún caso suplementarias, como es todo lo relativo al Medio Natural y Protección Civil. A veces es mejor que no tengan tanta confianza en uno.
Juan José Mateos ha rozado el milagro. Ha sabido gestionar desde la discreción el peliagudo recorte presupuestario en Educación, al tiempo que los observatorios internacionales reconocían a Castilla y León por las altas cotas de calidad alcanzadas en la Enseñanza. La cuadratura del círculo.
Silvia Clemente ha sido tal vez el caso más llamativo del político todo terreno, capaz de desenvolverse con suma eficacia en dos áreas tan distintas como Cultura y Agricultura. La plaga de los topillos la puso a prueba y acabó con los roedores y con el recelo un tanto machista de las organizaciones agrarias. Su apuesta por el desarrollo agroindustrial, la comercialización y la marca ha significado una lección de altura, un referente que ha causado algún que otro ataque de celos.
La necesidad de dar apariencia de ahorro recortando tres titulares de consejerías -sólo apariencia porque necesariamente se ha de mantener el resto de la estructura administrativa- sin duda ha sido una magnífica excusa para quitar algún lastre sin que haya sido tomado por el cesante como afrenta. Así que Herrera ha podido incorporar tres caras nuevas, algo necesario en cualquier cambio de gobierno, a pesar de la reducción también obligada del equipo de gobierno.
El observador alejado no dispone de datos que le permitan un juicio al respecto, pero al menos Herrera ha conseguido que la ciudadanía mantenga una mínima ilusión de cambio dentro de la más estricta continuidad.
También ha conseguido el presidente la necesaria apariencia de tranquilidad al dejar estáticos a dos pesos pesados, tanto por lo que hacen como por lo que, dicen en Valladolid, maquinan. De Santiago Juárez se ha asignado la tarea de hacer de Castilla y León una comunidad autónoma orgullosa de sí misma, sin fisuras, algo así como una nueva unidad de destino en lo universal. Eso sí, en pequeño, despoblada y sin mar. Especial empeño pone en este objetivo, con recursos de altavoz debidamente engrasados.
Tomás Villanueva es un político de raza, de esos que son más valiosos por lo que callan que por lo que dicen. Tiene encomendada la tarea de gestionar la economía, una bendición para él teniendo en cuenta que las cifras del paro, al menos cuando crece, se las encaloma siempre al gobierno central. Astuto.
Ambos gallos de pelea se han quedado sin el pomposo título de vicepresidente, lo que viene a significar que Herrera prefiere no dar pistas sobre su sucesión, en el caso de que se confirmara otro de los rumores que circulan por la capital del Pisuerga y que sitúan al presidente más cerca de Rajoy en la capital del reino. Eso está bien, porque cualquier otra estrategia supondría la destrucción del candidato.
En definitiva, un gobierno de Herrera en estado puro, donde tal vez el hecho de que figuren en el mismo tres cirujanos, un hecho insólito, hará que los recortes más sangrantes se realicen con anestesia. Ni nos vamos a enterar, vamos. Como siempre.
Fernando Aller. Periodista.