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'Locas', extraordinario debú teatral de José Pascual Abellán

Dialéctica de la irrealidad y esencialidad escénica

Dialéctica de la irrealidad y esencialidad escénica

martes 26 de julio de 2011, 10:15h
Actualizado: 28 de julio de 2011, 18:05h
No todo lo que percibimos contribuye al conocimiento de la realidad. Hay cosas que pasan inadvertidas, hay trampas que ocultan su veracidad. Nos encontramos en el terreno de la apariencia que no consigue discernir entre lo verdadero y lo falso, y, aunque la figura del “loco” ha estado presente en todas las civilizaciones y culturas y ha sido y sigue siendo objeto de estudio, José Pascual Abellán lo ubica con su obra dentro de los parámetros de la sociedad actual, en la que lo verdadero y lo auténtico pasan a un segundo plano cuando entra en juego la cultura de la apariencia, de la consecución del éxito inmediato, del consumismo, del excesivo individualismo, de la soledad, que puede llegar a ser expresión y fuente de infelicidad.  Dos mujeres, Jennifer y Marta, se encuentran en el psiquiatra. Parecen distintas, incluso antagónicas, sin embargo, ambas, parece, tienen algo en común: han sido abocadas al límite, a aquel terreno de nadie que marca la frontera entre la cordura y locura (esa “línea” de la que habla Marta), y al que les ha empujado la realidad.   Es Locas el continente en que José Pascual escancia estas ideas presentando una realidad sustentada sobre la verosimilitud, una verdad irreal con visos de verdad -ante el personaje de Jennifer-, que inicia una reflexión sobre los límites existentes entre la apariencia y la realidad, entre lo verdadero y lo falso, entre la cordura y la locura; y, paralelamente, una meditación sobre los mecanismos o estrategias que indaguen en la búsqueda del sentido de la vida. Pero transmite con su texto la existencia de otra realidad que está detrás o más allá de la mostrada en gran parte de la obra, y reseña, como consecuencia, una dialéctica entre una realidad primera, verosímil e irreal, y una nueva realidad, auténtica y desoladora, creada por el desenlace (giro final) del texto, que nos habla de la verdad del mundo teatral que ha construido y, por ende, de su correlación empírica, cuando el ser humano, alejado de la apariencia, se sabe, en su búsqueda, conocedor, consciente o inconscientemente, de la fortaleza o la debilidad (Jennifer), de la fragilidad (Marta) y del autocontrol y el dominio (Marta-psiquiatra). Excelente doble interpretación   Es Locas, además, la producción de un director novel que llega a los escenarios madrileños lleno de creatividad y de recursos limitados, pero que se hace grande por la fuerza de la imaginación y el cuidado en la consecución de la calidad de todos cuantos participan en el espectáculo, como así denota el espacio escénico, que roza el minimalismo. Y que procura por su neutralidad el efectismo de la esencialidad, con una puesta en escena que contribuye a dar a la palabra, a la interpretación y a la existencia de los personajes sus auténticas dimensiones y como así se desprende por la originalidad de los medios audiovisuales (Música original de José Francisco Giménez y proyecciones fotográficas finales, con una excelente labor de documentación de Elizabeth Ríos),  que coadyuva a la totalidad del montaje creando una atmósfera de extraña racionalidad velada, mezcla de serenidad emotiva e impresionismo inquietante.   No obstante, no necesita ninguna de las dos intérpretes, Ángeles González Cuerda y Maribel Jara, que se revista el espacio escénico de elementos semióticos profusos, porque sólo con su presencia y la adecuada armonización de movimiento, gesto y palabra son capaces de ofrecer frescura, naturalidad, técnica y modulación y dominio de los registros dramáticos. Excelente interpretación de ambas, en una propuesta sincera plena de complejidad, imaginación y creatividad.
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