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La respuesta estaba en la tele

La respuesta estaba en la tele

lunes 10 de marzo de 2008, 20:44h
Actualizado: 12 de marzo de 2008, 07:40h
Tantos años escrutando el mínimo detalle para elaborar sesudos análisis absolutamente clarificadores sobre el futuro patrio y se nos pasó por alto que la solución a todas las incógnitas sobre estas elecciones estaba delante de nuestras narices.

En doble sesión nocturna, trece millones de personas el primer día, once el segundo, vieron en las pantallas de televisión el debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy y empezaron a decidir en ese mismo instante el futuro inmediato de este país. Como preveía Olga Viza horas antes de moderar el segundo cara a cara “después de hora y media de verles discutir el difícil que nadie se quede quieto”. Y así fue. Tanto interés por algo más, mucho más, que un espectáculo televisivo, era un síntoma claro de que estábamos cerca de una de las participaciones electorales más altas de las registradas en España y, desde luego, infinitamente más grande de las que se suelen dar en los países de la Unión Europea cuando hay llamada a las urnas.
¿Quién decía que la política no interesa?

Los protagonistas de aquellos prime time han capitalizado tanto la atención del personal que juntos le han dado un nuevo bocado al hemiciclo, hasta dejar solo un pequeño trozo de tarta en el que caben nada más que 38 escaños que se tienen que repartir el resto de las fuerzas políticas. Esta España será todo lo plural que se quiera pero cada día resulta más bipartidista, episodios como el de Rosa Díez aparte.
Y finalmente, aquellos millones de telespectadores y todos los que luego se informaron de lo que había ocurrido en torno a la mesa de tono crema de los dos improvisados platós decidieron trasladar a las urnas los resultados de aquellos debates, de acuerdo a la mayoría de las encuestas que entonces se hicieron: Ha ganado claramente pero sin apabullar, como entonces, Zapatero; mientras, Rajoy mantenía el tipo sin descomponerse.

Ahora los dos líderes de audiencia inician seriales aparte. Zapatero se ha quedado como en su tiempo Adolfo Suárez: los ciudadanos le han concedido un segundo mandato pero le han negado la mayoría absoluta, a diferencia de lo que hicieron con Felipe González y José María Aznar. Habrá que ver si el líder socialista encuentra el camino para merecerse esa abultada ventaja que ahora no consigue o está iniciando el segundo y último episodio de su liderazgo personal, que datos hay en las distintas lecturas de los resultados electorales para avalar una teoría u otra. La clave puede estar en la sinceridad de su renovada propuesta de tender la mano a la oposición en los asuntos de Estado y también, claro está, en como sortearía una hipotética vuelta del PP a las andadas de bloquearlo todo.

La duda sobre Rajoy está en si los suyos le van a conceder o no la tercera oportunidad para intentar llegar a la Moncloa, lo que sí hicieron con Aznar, pese a que González le revolcara dos veces en las urnas. Parece difícil argumentar a favor del cese político de un líder que ha sumado 5 escaños y más de 400.000 votos a su bancada. El problema es que sigue estando a 16 escaños del PSOE y Rajoy había montado la bronca política más monumental que se recuerda en este país con el único objetivo de recuperar el poder. Y su fracaso ha sido rotundo.

Aunque más allá del interés indudable por saber del futuro de Rajoy importa saber si la oposición que viene va a seguir utilizando la crispación a tope como en los cuatro malditos años que nos acabamos de quitar de encima. La bronca por todo lo alto les ha servido para mantener y hacer crecer al partido y para movilizar al contrario, logrando, de paso,  el triunfo del bipartidismo. Pero no para conseguir el poder. A cambio, hemos sufrido todos en una sociedad menos respirable. Nos vendrían muy bien cuatro años de calma. No sé que líder ganaría las elecciones pero sí que todos los demás viviríamos mejor.
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