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Bilateralidad(es)

Bilateralidad(es)

viernes 11 de julio de 2008, 21:23h
Elena Salgado, ministra de Administraciones Públicas, chiquita pero mandona, ponía ayer un nuevo palo en las ruedas del AVE a Galicia, con su negativa a convocar la Comisión Bilateral de Cooperación entre el Estado y Galicia con el objeto de crear una subcomisión de evaluación de infraestructuras. Un jarro de agua fría al acuerdo alcanzado por PSdG-PSOE, BNG y PPdG, sobre este particular. Lo menos que, en privado, dijeron los socialistas gallegos es que no hay peor cuña que la de la misma madera (Salgado es orensana) y, por descontado, dicterios mucho más fuertes.

    Quedan muy atrás, los tiempos en los que Felipe González en La  Moncloa y Manuel Fraga en San Caetano, con toda naturalidad mantenían periódicos encuentros bilaterales. España ni se rompía, ni se hundía en el caos separatista. Y los talibanes mediáticos, de aquellas, ni piaban al respecto. Algo de ello sabe el actual presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, secretario de Estado de Infraestructuras en el último gobierno de González, que fue el que completó los accesos terrestres entre Galicia y la meseta. Otra cosa no, pero González fue capaz de mantener una política de bilateralidad con las comunidades históricas en particular y también con el resto de ellas.

    Hogaño, y el columnista se teme que para mal, con Rodríguez Zapatero las cosas no son así. Naturalmente, le prometió al vicepresidente Anxo Quintana (BNG) que la Comisión Bilateral de Cooperación, cuando se reúna –y no concretó, al modo zapateresco, fecha alguna-- creará la subcomisión de evaluación de infraestructuras, que será copresidida por María José Caride (PSdG), conselleira de Política Territorial, y Magdalena Álvarez (¡siempre Magdalena!), ministra de Fomento.

Las idas y venidas, los dimes y diretes entre ambas administraciones, pese a lo molesto –por no decirte encabronante—que resultan para los gallegos, son peccata minuta, cuestiones de interés relativo para el resto de España. Pero lo son sólo aparentemente. Porque son indicios claros de cuál va a ser la actitud de ZP en su segundo mandato. En materia de política autonómica, buenas palabras siempre y resultados concretos los mínimos. Así se encuentra también la Generalitat tripartita de Cataluña, por más que puedan ejercer fuerza legal mediante el nuevo Estatuto. La fuerte irritación --pese a ser sorda y discreta-- del president  José Montilla se palpa tanto en Madrid como en Barcelona.

    Sin embargo, Pérez Touriño (empeñado en seguir ejerciendo de reina madre cuando estamos ya en el último año de legislatura y a nueve meses escasos de las autonómicas gallegas) sigue sin enseñarle los dientes a ZP. Con ello les está ofreciendo gratuitamente bazas electoreras –que no electorales— tanto a sus socios del Bloque Nacionalista Galego como la oposición del Partido Popular. El secretario general del PSdG, se conforma con tener en la Ejecutiva Federal del PSOE a José Blanco (el nuevo vicesecretario general), Carmen Silva (portavoz socialista en el Senado) y Xosé Sánchez Bugallo (alcalde de Compostela). Piensa que así va a influir en las políticas de Rodríguez Zapatero hacia Galicia. Vana ilusión. Sueño de una noche no muy placentera de verano. Ninguno de los tres citados, llegado el caso y a la hora de tener que optar, se decantaría por seguir las indicaciones de Pérez Touriño. Blanco y Carmen Silva se deben en cuerpo y alma el secretario general del PSOE. Él los puso ahí. Y, en cuanto al alcalde compostelano, su fuerza tanto en el socialismo gallego como en el aparato del PSOE es más bien escasa, por no decir nula. No está de florero, pero casi. Es un miembro de cuota territorial en la Ejecutiva Federal del partido.

    En resumen, bilateralidades las que se quieran sobre el papel. En la práctica, ni aquellas, como en el caso catalán, que se exigen por imperativo legal. Un error notable de Rodríguez Zapatero, por más que, en no pequeña parte, sea producto de la crisis, perdón recesión, económica. Porque la bilateralidad, las bilateralidades, son necesarias para la vertebración y el mantenimiento de la cohesión –la unidad, si el lector así lo prefiere— de España.
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