El actual escenario de crisis es la primera gran crisis del modelo globalizador, a lo que habría que añadir que la más intensa expresión de la globalización ha sido la financiera.
No se ha avanzado nada en la necesaria gobernanza mundial del proceso de globalización y, por el contrario, se alienta la liberalización, que trae consigo la desregulación de los mercados financieros, que está en la base de la rápida extensión de la crisis financiera internacional a la que estamos asistiendo, que, acompañada de una crisis también energética y alimentaria, está golpeando, y de qué manera, a las economías nacionales y con más fuerza a las más vulnerables.
Nos encontramos ante un panorama muy indeseable para la economía productiva, por tanto, para unas relaciones económicas y de empleo sólidas.
Estamos ante un mercado financiero global y un marco jurídico nacional, que exige de una inmediata y profunda reflexión.
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El proceso de globalización neoliberal, tal y como está concebido, ejerce una fuerte presión sobre el mundo del trabajo, y reduce los espacios de democracia económica y social.
Las “sociedades financieras de inversión” tienen cada vez una mayor influencia en la actividad empresarial y en el mercado de trabajo. Su participación accionarial en las empresas ya no son consideradas inversiones alternativas.
Estos “fondos de inversión” participan de multitud de empresas, apostando por la diversificación del riesgo. Compran, venden y castigan a las empresas que no cumplen “objetivos”; castigan los comportamientos que se alejan de la lógica financiera. Se impone, por tanto, una determinada “lógica” a la actividad productiva.
La financiarización de la economía sin reglas, subordina las políticas económicas nacionales a los mercados financieros internacionales.
Influye sobre la actividad productiva de las empresas, determina qué se hace con los beneficios, penaliza la inversión en desarrollo productivo, utilizando una parte mayoritaria de los mismos en reparto de dividendos, en nuevas inversiones financieras, por lo que el beneficio que se retiene por parte de las empresas es muy inferior a las necesidades de la misma en términos de inversión, en innovación, diversificación productiva, organización del trabajo y productividad, que la “lógica” financiera desprecia.
Demanda una redefinición del perímetro empresarial bajo la premisa de: “o lo haces, o abandonamos”, por tanto, se castigan las empresas que abarcan múltiples espacios de negocio.
Impulsa la descentralización, la externalización, subordinando actividades, fundamentalmente aquellas que carecen de la máxima rentabilidad en el menor espacio de tiempo.
Y es que las exigencias de rentabilidad a corto plazo de los accionistas financieros presionan a las empresas hacia la denominada producción “flexible”, que suele traducirse en formas “flexibles” también del empleo, a la vez que impulsan fusiones y adquisiciones en el mismo segmento de mercado para eliminar competidores.
Es la “economía de casino”, como bien define la Confederación Sindical Internacional.
Así es como se penaliza el futuro de las empresas, que pasa, contrariamente a lo que expresa la “lógica” financiera, por invertir más capital por trabajador ocupado.
Desde estas reflexiones, analicemos con rigor lo que está ocurriendo en los mercados financieros internacionales y las debilidades que viene padeciendo la economía productiva y, por tanto, las causas de la actual situación de crisis, que no deben buscarse ni en los salarios, ni en las supuestas “rigideces” del mercado de trabajo.
Rodolfo Benito Valenciano
Presidente de la Fundación Sindical de Estudios y miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CC.OO.