OPINIÓN/Víctor Gijón
ETA y su escaso recorrido
domingo 20 de julio de 2008, 15:21h
Actualizado: 21 de julio de 2008, 16:36h
La campaña de verano de ETA es un clásico de la banda terrorista. Cierto que en los últimos años sus atentados cometidos en vacaciones en lugares de veraneo tienen mucho menos recorrido, aunque no por ello menos instinto criminal. La debilidad organizativa de la banda les obliga a actuar corriendo el menor riesgo posible y a corta distancia de sus guaridas.
Las cuatro bombas colocadas esta mañana en las playas de Laredo y Noja, en la parte oriental de Cantabria, forman parte de la anunciada campaña etarra contra intereses turísticos. Pero más bien parece un intento desesperado de los terroristas por hacerse notar de la forma más fácil y segura.
Las incursiones etarras en Cantabria son desgraciadamente demasiados frecuentes como para causar otra sentimiento distinto de la indignación contenida. Además, en la zona atacada reside una población autóctona minoritaria y una mayoritaria de fin de semana o estival integrada casi exclusivamente por vascos. Desgraciadamente para nuestros vecinos la acción de la banda asesina durante treinta años les ha hecho acostumbrarse a vivir con esa lacara social que es el terrorismo.
Hoy amaneció en Cantabria nuboso y con llovizna intermitente. Un mal día de verano que ayudó a desalojar, con la rapidez necesaria, playas que en estas fechas suelen registrar lleno total. En la playa Salvé de Laredo y en la del Ris en Noja sólo se encontraban, en el momento en que se produjeron las explosiones las fuerzas de Seguridad del Estado.
El objetivo que ETA busca es crear tensión, miedo y crispación en la sociedad. En Cantabria no lo tienen fácil. La acción terrorista nos duele y nos indigna, pero no nos confunde a la hora de decidir quienes son los responsables. Quizás porque por proximidad y buena vencidas sabemos que los vascos que ponen las bombas son una infirma minoría. Los demás, la inmensa mayoría de los ciudadanos del País Vasco, al igual que los cántabros, los andaluces o los madrileños, somos víctimas potenciales de los asesinos.