OPINIÓN/Víctor Gijón
Cantabria y los nuevos aires del PP
jueves 24 de julio de 2008, 16:21h
Actualizado: 29 de julio de 2008, 12:32h
Desde Cantabria uno espera que los nuevos aires que soplan en las relaciones entre el Gobierno de la Nación y la oposición también terminen por llegar a Cantabria. Pero tengo serias dudas de que así sea.
El PP de Cantabria sigue empeñado en hacer una oposición tremebunda y anclada en el pasado. No hay día que pase sin que el PP nos ilustre no sobre lo mal que lo hace el Gobierno y lo bien que lo harían ellos, tarea crítica que es esperable de la oposición. El problema es que esas criticas suelen venir acompañadas de acusaciones, más o menos veladas, denuncias sobre supuestas actuaciones irregulares del Gobierno nunca probadas y que las pocas veces que han llegado a los tribunales se han visto desestimadas.
La campaña contra Cárceles, ex director de Valdecilla, al que el PP acusó de tráfico de influencias y posible lucro a costa del erario público, duró semanas, mientras que la sentencia absolutoria se despachó en un día. El principio de que calumnia que algo queda le salió gratis al partido conservador. Y por si no tuviera suficiente el PP se ha traído a Cantabria un periódico para que le haga el trabajo sucio que no quiere o no puede hacer directamente. Precisamente el mismo medio de comunicación que ha hecho todo lo posible y lo imposible por retirar de la política a Mariano Rajoy.
La autonomía del presidente del PP con respecto a los líderes mediáticos que desde hace cuatro años le vienen escribiendo su discurso y haciéndole la agenda, como El Mundo y la radio de los obispos, no se ha trasladado a Cantabria. Todo lo contrario. El PP regional, al menos el que controla Ignacio Diego, tiene puesta toda su confianza en los dos medios citados, mientras que se muestra cada vez más displicente con el medio de comunicación hasta ahora hegemónico en ventas e influencia en el seno de derecha, El Diario Montañés.
Los gestos del periódico conservador, tendentes a restablecer puentes con el PP, sólo parecen haber sido captados por el alcalde de Santander, Iñigo de la Serna, la cara amable hoy por hoy de los populares cántabros. De la Serna también hace oposición, en este caso al Gobierno regional desde el Gobierno municipal. Pero en un rápido repaso de sus declaraciones más recientes no aparece crítica alguna que rebase los límites políticos.
Atrás quedan las dudas sembradas sobre la actuación de la vicepresidenta del Gobierno, Lola Gorostiaga, en el tema de La Remonta. Pero de aquel asunto, puntual y condicionado por la celebración de las elecciones generales, no se ha vuelto a hablar. Y es que De la Serna puede y tiene que ser critico, pero no estúpido ni suicida. Por eso no va a competir con Diego por la presidencia del PP en el próximo congreso. Lo cual no quiere decir que no lo haga en un futuro y no precisamente demasiado lejano.