“Ser resuelto, no temer a ningún sacrificio y superar todas las dificultades para conquistar la victoria”. (Mao Tse Tung, 11-06-1945)
Vayamos de menos a más en lo que ha sido una jornada, la de hoy domingo, que algunos consideran propicia, como producto de la buena suerte, y otros, simplemente, como de realización de beneficios, que las pruebas de los Juegos Olímpicos se ganan trabajando en los cuatro años precedentes.
Empecemos con la vela, en el imposible campo de regatas de Qingdao. Rafa Trujillo, en la clase Finn, oro en Atenas 2004, sólo pudo rematar en un noveno puesto, quedándose hasta sin diploma olímpico. Nuestro mejor finnista no pudo luchar contra los elementos, justamente como Felipe II en su fallida invasión de Inglaterra. Elementos climatológicos y elementos humanos: la idiocia, sin ir más lejos, de los organizadores de los JJOO que eligieron para la vela una sede de aguas imposibles y que, encima, practicaron la confusión sistemática a la hora de fondear las balizas de las diferentes pruebas y emitir las correspondientes instrucciones de regata.
Desventura semejante tuvo Marta Domínguez, la rubia palentina con físico enjuto y breve a lo Martina Navratilova, aquella tenista checa que, hace ya unos cuantos años, lo ganaba todo. Marta tenía serias probabilidades de obtener medalla en los 3000 metros obstáculos. Ya estaba en la final y disputándola, ¡zás!, un traspiés apurado, desequilibrio consiguiente y choque violento con un obstáculo y la protección interior. Dolorida en lo físico y lo moral, Marta Domínguez abandonó la carrera y su gran ilusión.
No gran ilusión, pero ilusión a secas, la del gimnasta Gervasio Deferr, en su especialidad favorita: los ejercicios en el suelo. Quería ganar, por terceros juegos consecutivos, el oro. No pudo ser y se llevó la medalla de plata, porque –los jueces así lo determinaron— no marcó los 16,500 puntos (16 puntos y quinientas milésimas) establecidos para ser el más grande de entre los grandes.
Antes, Vivi Ruano y Anabel Medina, caían en el doble de damas, finalísima ya, frente a las Williams Sisters –Serena y Venus--, pletóricas de técnica, de forma física y de envergadura corporal. Dos máquinas norteamericanas frente a unas españolas –su presencia en la final lo demuestra—de carne, ilusión y hueso. Para Ruano es su segunda medalla de plata olímpica (la anterior la obtuvo en Atenas). La coloca arriba en el ranking femenino, pero no en la cúspide.
Otros que bajaron un peldaño fueron los regatistas Iker Martínez y Xabi Fernández. Hace cuatro años, en los JJOO de Atenas, se habían llevado merecidamente el oro en 49er. Hoy, tras disputar una regata accidentadísima –volcaron en la primera subida a baliza, adrizando el barco y sin ceder tiempo--, tienen la plata. De prosperar su recurso sobre el dúo danés (que había roto el palo y corrieron con un barco prestado) serían merecidísimo oro. Aunque, a la vista de la confusión reinante en Qingdao, que este no-enviado especial hace extensiva a los jueces y a los organizadores, no quedan muchas esperanzas. Y que me perdone Arturo Pérez Reverte, pero, al lado de la medal race de los 49ers, el desbarajuste de la flota francoespañola en la batalla de Trafalgar parecía una alegre y ordenada procesión marinera con la Virgen del Carmen. El Comité de Regata debió anularla ante el estado de la mar, con olas al límite del reglamento y de la más elemental prudencia.
Y llegamos al broche de oro. Como era de esperar, Rafa Nadal se hizo con la medalla de oro frente al chileno Fernando González. ¡Menudo carrerón que lleva este año el tenista español! Tropocientos torneos ganados, su cuarto Roland Garros consecutivo, su primer Wimbledon y, hoy, el oro olímpico. La medalla ganada se la impuso Juan Antonio Samaranch, il capo di tutti capi olimpicchi, el presidente de honor del Comité Internacional Olímpico, el baranda supremo del deporte mundial, el referente para todo cuanto directivo espera hacer carrera de su afición. Dos hombres de oro en apenas un metro cuadrado. Y españoles los dos. A más de un comentarista se le habrá hecho el cerebro agua patriotera.
De momento, la delegación española en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 ya contabiliza siete medallas. Por cierto, una menos que las ocho de oro que se lleva el nadador estadounidense Michael Phelps. Porque sí, efectivamente, el monstruo de Baltimore hoy también pulverizó el récord de los 4 x 100 estilos y se colgó un oro. Tratándose de Phelps no es ninguna novedad.
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