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La no-receta de Rodríguez Zapatero

La no-receta de Rodríguez Zapatero

viernes 12 de septiembre de 2008, 19:48h
El resumen del debate sobre la crisis económica en el Congreso podría ser éste:
—¿A qué ha venido usted? —pregunta Mariano Rajoy.
—Sólo a dar la cara y a ofrecer confianza a los ciudadanos —responde Rodríguez Zapatero.
—¿Y tiene alguna medida nueva que proponer?
—No. Eso sería un ejercicio de improvisación.

Tiene razón el presidente. Una crisis económica no se soluciona con una cataplasma durante una noche, sino mediante una terapia a largo plazo. Y eso habría que haberlo realizado en tiempos de bonanza y no en época de escasez, ya que cuando la economía española crece lo hace más tarde y a mayor velocidad que la del resto de Europa, pero también tarda más en salir de la crisis y lo hace en peores condiciones.

Y no se diga que nuestras causas son exógenas. Tenemos, sí, una dependencia energética exterior, pero al igual que muchos otros países que han planteado en cambio un debate sobre la producción nuclear y que se han propuesto ser cada vez más autosuficientes en recursos energéticos, como pregonan en EEUU tanto John McCain como Barack Obama.

También nuestra crisis inmobiliaria era previsible y evitable desde hace años si se hubiese generado suelo libre, se hubiese frenado la especulación del ciento por uno mediante súbitas recalificaciones y se hubiese potenciado un crecimiento paulatino y ordenado.
¿Y qué decir del déficit exterior? Mientras aumentaba nuestro consumo desaforado de nuevos ricos, no lo hacía en la misma proporción ni la productividad de nuestros trabajadores, ni la competitividad de nuestras empresas, ni la formación y los conocimientos de nuestros jóvenes, según evidencian año a año unas estadísticas a la baja.

Ahora, a buenas horas, mangas verdes. Ahora, claro, se trata de mantener unas prestaciones sociales sin hacer nada para conseguirlo: reformas de contratación y de flexibilidad laboral, de tratamiento del desempleo y de fomento del ahorro. ¿De qué le sirve a una familia el cheque-bebé o el regalo de 400 euros si no puede hacer frente a una hipoteca? ¿No sería mejor, por ejemplo, poder rescatar los planes de pensiones para evitar un desahucio o poder compaginar la jubilación con pequeñas tareas remuneradas?
Éstas y otras hipótesis de despenalización del ahorro, de capitalización familiar y de fomento del consumo interno suponen pensar a diez o más años vista, para evitar, entre otras cosas, el colapso de nuestro sistema de seguridad social. Pero, claro, los políticos, todos los políticos, no piensan a tan largo plazo, sino sólo hasta las próximas elecciones. Para entonces, cavilan, ya habrá pasado lo peor del momento presente, aunque la enfermedad crónica persista para volver a estallar con más violencia el día de mañana. Pero, entonces, se dicen, el que esté que apechugue con ella.                        
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