Lunes 09 de junio de 2008
Se comentó, en su día, que en el pueblo de
Rodríguez Zapatero comían el melón con sal. Se dijo que era porque los melones de aquella zona eran de baja calidad y se buscó una fórmula de contraste para mejorar su sabor. Luego se dijo, quizá con mas acierto, que era el modo de sustituir el efecto salado del jamón sin utilizar un producto que resultaba caro para la economía del lugar. El hecho es que el melón con sal, o sea sin jamón, parece la fórmula aplicable a un estilo de hacer política.
| "Estamos viviendo una racha de políticos que sí saben “hacer que hacen” sin hacer nada" |
Por ejemplo, hacer frente a una crisis socioeconómica galopante descontando a plazos 400 euros a los ciudadanos obligados a contribuir por su renta es como echar sal en vez de jamón al melón de la crisis. Como lo es favorecer la compra de nuevos vehículos a quienes tienen como problema principal poder suministrar carburante a sus automóviles en servicio. Como también lo es acentuar la dependencia energética del petróleo por no gastar en una central nuclear más agua que en la piscina de la Moncloa. O predicar una alianza de civilizaciones sin titulares identificables mientras se descuidan las alianzas concretas con las potencias conocidas por su importancia para nuestra seguridad o nuestra economía. En resumen, ayudar a quienes menos necesitan ayudas y culpar de los desarreglos españoles al señor
Trichet o al señor
Bush.
La falta de jamón de acompañamiento parece afectar tanto al poder como a la oposición. No estamos en los tiempos en que
Felipe González se acompañaba de
Guerra o
Aznar de
Rato. Estamos en tiempos de candidatos solitarios acompañados de un puñado de sal. Hasta en Estados Unidos parecen incompatibles las sugerencias mediáticas de
Obama con
Hillary Clinton o de
Mc Cain con
Condolezza Rice. Estamos en época de pobre gastronomía política y se tiende a condimentar los platos solitarios con un ingrediente barato.
Se habla de principios irrenunciables pero nadie define exactamente cuáles son estos principios. Se habla de integraciones pero no se sabe a quién se quiere integrar que no estuviera plenamente integrado. Se habla de desaceleración pero nadie toma ninguna medida para volver a acelerar. Decía el torero
Curro Romero cuando era abroncado por no hacer nada con algún toro intoreable que aquello le pasaba porque él no sabía
“hacer que hacía”. Aquí, por el contrario estamos viviendo una racha de políticos que sí saben
“hacer que hacen” si hacer nada. Son los tiempos de melones con sal, quizá un atavismo de
Zapatero que está resultando contagioso.