De nuevo nos amenazan con el “peligro ruso”
jueves 25 de septiembre de 2008, 18:29h
La realización de ejercicios navales de una flota rusa y naves venezolanas, en aguas del Caribe, junto a la visita a Venezuela de dos aviones bombarderos TU-160 y el fortalecimiento de los vínculos castrenses entre Caracas y Moscú, ha servido para revivir, en los medios y en determinados círculos políticos de la región, la vieja caricatura de la “amenaza de Moscú”. Y reeditar la “Guerra Fría”, y teorizar sobre “la confrontación Este-Oeste”:
Han puesto “el grito en el cielo”, y la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, habla de una “acción anacrónica” y advierte amenazadoramente y con una evidente frustración, de que “estaremos observando” la escuadra rusa integrada por el buque insignia de la Flota del Norte, crucero nuclear lanzamisiles ‘Pedro el Grande', el gran buque antisubmarino ‘Almirante Chabanenko' y otros buques de apoyo.
Y si antes el slogan hablaba de la “amenaza roja”, la expansión soviética”, de los “malignos” planes del Kremlin , hoy se ni siquiera se renueva la vieja letanía, y se revive el fantasma de la “amenaza de Moscú”, pero en versión rusa, de la “incursión del poder militar de Moscú en el hemisferio occidental”.
De lo que se trata, sobre todo, es de fundamentar una ofensiva política y sediciosa en contra de determinadas políticas o gobiernos que rechazan los dictados de la Casa Blanca, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Cuba, pero también para intimidar a otros países como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay o Chile, por si se les ocurriera en la medida de su independencia política y sentido de la dignidad nacional, mirar hacia Moscú, pero también hacia China, en el ejercicio de sus decisiones soberanas en materia de política, comercio o vínculos militares.
La campaña del terror es nuevamente revivida y sirven para ello, exageraciones, falsedades, suposiciones, o alusiones atribuidas de “un ministro brasileño que no fue identificado”, o fuentes en determinados niveles castrenses, igualmente anónimas.
La manipulación propagandística, las artimañas de la guerra sucia, de operaciones encubiertas y maniobras sicológicas, están nuevamente en su apogeo.
Según algunos propagandistas plañideros, América Latina estaría en peligro, porque un Estado, (soberano, democrático, independiente, como es Venezuela) en uso de sus derechos, entabla vínculos militares con un país miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que ha demostrado claramente que no tiene interés en ejercer liderazgos agresivos o unilaterales en el escenario internacional.
Un país, Rusia, que ha demostrado claramente su voluntad de relacionarse con América Latina, sobre la base del respeto mutuo y la conveniencia mutua, en materias políticas, económicas, y ¿por qué no?, militares.
Muchos de los argumentan a coro contra la “presencia militar rusa”, son sin duda nostálgicos del viejo orden imperial, que consideran que nadie tiene derecho a introducirse en un territorio que está bajo el comando de Estados Unidos, un “teatro de operaciones estratégico propio”, “esfera de influencia”, “patio trasero”, en suma.
Son los que aplauden a los marines que cada ciertos meses desembarcan en puertos de la región, surcan sus mares y vuelan sus cielos, ensayando invasiones, desembarcos, toma de cabezas de playa, acciones conjuntas, operaciones tácticas, desarrollos operativos y estratégicos combinados, etc.
Los objetivos de conocimiento de teatros de operaciones, el ensayo de desembarcos de tropas comandadas por Estados Unidos, el “acostumbrar” a los uniformados locales, a los políticos y hasta a los gobernantes, pero sobre todo a la opinión pública, de que se trata de ejercicios necesarios para poner a punto las capacidades combativas de esas fuerzas “combinadas”, para actuar -en realidad- contra gobiernos y fuerzas hostiles, de esos “estados canallas”, o “fallidos”, o “terroristas”.
El asunto es que ni Venezuela, ni menos Rusia, tienen que pedirle permiso a nadie, tampoco a Estados Unidos, para establecer sus relaciones, y desarrollar sus alianzas, con cualquier otro país del mundo.
Nadie tiene derecho a veto al respecto.
Lo único importante y exigible es que estas relaciones, tanto con Rusia como con Estados Unidos, China u otra potencia, no tengan como objetivo introducir en la región, ni la carrera armamentista, ni el terrorismo, ni la conspiración contra la democracia, ni un intervencionismo descarado en contra de los regímenes claramente elegidos por sus ciudadanos, y que no se atente contra la integridad y las riquezas nacionales, respetando la soberanía nacional, la integridad, la autonomía de los Estados.
El Consejo Sudamericano de defensa, de Unasur, debería tener como sustancia la defensa de éstos y otros principios de profundo carácter democrático.
Lo claro es que si alguien hiciera un simple y objetivo ejercicio de comparación, de las políticas prácticas de las diversas potencias mundiales, con respecto a la región, habría mucho paño que cortar respecto de la política de la administración Bush y de otros gobiernos de Estados Unidos respecto de la región.
Los ejemplos de conspiración sediciosa contra gobiernos democráticos, de intervenciones militares, de boicot económicos y políticos, de subordinación militar, de utilización de las Fuerzas Armadas en aventuras golpistas, sin duda corren de mano de la potencia imperial imperante, de Estados Unidos.
¿Habría que hacer una lista de los ejemplos? Pero no se trata sólo de un problema de historia. También hay constataciones en el presente, de intervención en procesos políticos como los que se han vivido en países en despegue democrático como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, de apoyo a la represión en Colombia, de la utilización de la lucha contra el narcotráfico para introducir fuerzas, aparatos de espionaje y bases en la región.
También hay una persistente y planificada reconquista de posiciones en las Fuerzas Armadas de América Latina, tras un leve repliegue al quedar en evidencia sus nexos con las dictaduras de la seguridad nacional y su complicidad en las violaciones a los Derechos Humanos, como la Operación Cóndor, el financiamiento y entrenamiento de sus policías secretas, o el asesinato de jefes militares democráticos en Chile, Argentina o Uruguay.
De manera que el riesgo militar, como antes, en América Latina tiene que ver con las invasiones, las intervenciones, las intromisiones y las conspiraciones de quienes se creen con el mesiánico “destino manifiesto de gobernar el mundo”.
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Marcel Garcés
Periodista