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El problema Zapatero

El problema Zapatero

lunes 29 de septiembre de 2008, 18:11h
Tras el ridículo triunfalismo de Zapatero en Nueva York, cobra todo su sentido la frase de Rajoy: “el problema no es el sector industrial sino usted, señor Presidente.” El diagnòstico definía el momento que vivimos de repercusión de factores internacionales sobre incompetencias nacionales y sobre el que pesa la evidencia de que quien debiera aliviar en lo posible la situación no quiere reconocerla, no sabe pilotarla y no está capacitado para superarla.

Existe nuestra crisis particular dentro del trance económico global, disfrazada con populismo mentiroso, errores morrocotudos en nuestras relaciones internacionales, gastos basados en una gestualidad electoralista y daños en la solidaridad interior que pasa las facturas más inoportunas en el peor momento. Pero lo peor es la inoperancia de no querer asumir la realidad, al borde de la recesión, y no tomar ninguna medida, ni buena ni mala. España tiene la desgracia de tener al frente de su gobierno un presidente inconsciente de la situación, quizá porque se le eligió sin previa conciencia de la crisis que amenazaba desde dos años antes y que el presidente Zapatero hizo todo lo posible por disimular.

Así las cosas, resulta confuso que Rajoy, tras diagnosticar el problema Zapatero, persista en desbrozarle el camino con ofertas de ayuda en vez de hacer lo posible por desplazar el estorbo del sitio que ocupa. Porque aquí no estamos en el caso de un presidente saliente, como Bush, que propone planes para un inmediato futuro a Obama o McCain, sino de que el actual presidente continúe y asuma una política más próxima a las ideas del partido Popular que a sus fantasías lo que es cosa menos que imposible.

La explicación es que Rajoy, con realismo, se sabe sin potencia para provocar un cambio de actor por los procedimientos clásicos: la moción de censura constructiva o una presión social capaz de forzar una dimisión. Pero soportar otros tres años esta agonía y permitir que se diseñen estrategias para prolongarla es un horizonte desmoralizador. Por ello la responsabilidad es del Partido Socialista que está en condiciones de recurrir, en sus propias filas o cercanías, a recursos humanos de cierta experiencia nacional e internacional que pudiera facilitar una situación negociable prestando un aire de recambio aceptable para la opinión. No hacerlo y no ser capaz de librarse del problema Zapatero como única carta es ponerse al borde del suicidio político.
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