La Asamblea Constituyente en Bolivia siempre tuvo una enorme influencia del Movimiento Al Socialismo (MAS), partido de gobierno. Al igual que antiguos partidos clasistas, sus discursos encendidos no solamente asustaron a las demás fuerzas políticas de oposición, sino que ahondaron los sentimientos de temor y desconfianza, afectando incluso la instalación de la Asamblea aquel histórico 6 de agosto de 2006.
El MAS nunca quiso concertar a partir del 2 de agosto del año 2006 la elección de la presidencia de la Asamblea, con lo cual demostró prematuramente una baja capacidad de negociación con los demás partidos porque los datos electorales parecían haberle indicado que ya no necesitaba mayores alianzas con sectores sociales de clase media urbana, con la “media luna” de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija, ni tampoco ambicionar una mayor representatividad política.
Probablemente es desde este momento que el principal partido de oposición, Poder Democrático y Social (Podemos), pensó en defenderse de alguna manera y afectar al proceso constituyente, especialmente porque sus asambleístas no eran ni la mitad de los escaños obtenidos por el MAS (Podemos sólo tenía 60 constituyentes), lo cual alimentó también la desesperación de los asambleístas cruceños por utilizar argumentos legales para descartar el carácter originario de la Constituyente que, finalmente, se convirtió en una estrategia obstruccionista manifestada desde muy temprano con la severa exigencia por obtener los dos tercios en el sistema de votación y el futuro reglamento de debates de la Asamblea.
Una re-configuración substantiva de la Constitución Política en Bolivia siempre fue sumamente dificultoso porque el MAS buscaba solamente una imposición hegemónica, aunque permanecía mudo frente a la pregunta sobre ¿cuáles eran los proyectos nacionales de sociedad y estabilidad con los que el país se comprometería y reconciliaría? Durante los 14 meses que duró la Asamblea (agosto 2006 a diciembre 2007), surgieron las dudas sobre si todo esfuerzo apuntaba hacia un mar de planteamientos sólidos o se perfilaba el desorden y la confusión. No hubo ningún proyecto político serio, sino múltiples ideas que pugnaban por un espacio sin mérito sólido, reivindicando únicamente el derecho a ser puestas en práctica con una verificación que descansaba únicamente en el azar o las visiones por ensayo y error.
En medio del caos aparecieron en el terreno de la Asamblea varias ideas y convicciones sobre las irrefrenables aspiraciones de grandes sectores sociales en Bolivia para beneficiarse de la modernidad, cuyas pautas y normativas de comportamiento siempre tienden a favorecer la consolidación de lo ya alcanzado, evitando probablemente todo experimento revolucionario. Los grandes avances de la tecnología y su poderosa influencia en el estilo de vida moderno refuerzan las conductas conservadoras, sobre todo en los jóvenes que se encandilan con todo aspecto material y mercantil, antes que con la fuerza de cualquier idea política transformadora.
La gama de restricciones de carácter internacional, social, histórico y cultural también parecían impedir, o por lo menos dificultar, la total reestructuración constitucional. Por ejemplo, durante toda la campaña para la elección de asambleístas en mayo del año 2006 se notó la ausencia de planteamientos auténticos y eficientes para reformar el Poder Judicial y el Ministerio Público.
La justicia en Bolivia es uno de los ámbitos más corrompidos del sistema democrático, razón por la cual una transformación constitucional profunda implicaba una extensa renovación del Poder Judicial que hasta el momento no existe. La compatibilidad entre el futuro texto constitucional y el conjunto de la economía jurídica tiene altas probabilidades de quedar atascada en una densa red de intereses judiciales burocráticos, por lo que muchas disposiciones constitucionales inevitablemente permanecerán redactadas con el ropaje de principios generales, muy lejos de las grandes ambiciones innovadoras.
La vida cotidiana en Bolivia es indiferente con lo que significaría una reconducción estatal, sobre todo si se toma en cuenta que algunos grupos de la sociedad civil no están en condiciones de invertir sacrificios individuales a favor de objetivos públicos juzgados como demasiado costosos.
Grandes sectores de la sociedad boliviana esperan que el desarrollo normal de convenios y contratos privados, así como las prácticas rutinarias de muchas empresas e instituciones, sigan funcionando y trabajando normalmente. En este aspecto, la existencia de los derechos propietarios para muchos representa que, con o sin Asamblea Constituyente, sea fundamental la defensa de la propiedad privada que se levanta como un principio resistente a toda negociación donde se pretenda precipitar cambios constitucionales en contra de dicha propiedad.
En este aspecto, Podemos se presentó en la Asamblea como la organización política favorable a la defensa de la propiedad privada en su concepción global y como recurso fundamental para dinamizar la economía de mercado, mientras que el MAS propone cambios específicos en la gran propiedad agraria, el respeto de los territorios indígenas y las reformas en la tierra como medio de producción para combatir la desigualdad. Los resultados pobres y desalentadores de la Asamblea Constituyente en Bolivia señalan claramente que la democracia directa y la participación del pueblo en este tipo de eventos históricos no pueden diferenciar claramente entre una reforma, revolución o negociación racional para el alcance de cambios incrementales.
Sociólogo político, investigador de Yale World Fellows Program
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