Dignidad humana
lunes 13 de octubre de 2008, 13:41h
Actualizado: 20 de octubre de 2008, 13:12h
La crisis castiga a todos pero no por igual, recordaba uno de los estudiosos que, hora tras hora, desde cualquier emisora de radio hablan y hablan de la situación económica y que necesitan, para que su mensaje tenga vigencia, que la crisis continúe y, a ser posible, que se complique. Si los responsables de los principales países europeos se reúnen para aplicar soluciones, estos estudiosos y los periodistas que les convocan se plantean si serán suficientes y qué pasaría si no lo fueran.
En la calle tales mensajes poco a poco van convirtiéndose en ruido. La gente ya sabe que las cosas están mal sin que tengan claro por qué los bancos no se fían unos de otros, por qué ya no se prestan dinero y por qué los que sí lo tienen aplican la misma desconfianza hacia el empresario y el particular que ve así imposibilitada su pretensión de continuar con esas inversiones que crean trabajo o consumir, algo que cada vez se hace con más cautela.
Pero, volviendo a la frase del principio, también en la calle hay diferencias. Y si no que se lo pregunten a los hombres anuncio. Forman parte de ese paisaje que se ha constituido en la Puerta del Sol, como los mimos enyesados, las prostitutas, los músicos callejeros o los que piden ayuda para las mil y una misiones más o menos humanitarias. Al alcalde de Madrid no le duelen prensas en decir que este trabajo atenta contra la dignidad humana. Ante algo tan gordo como eso que se quiten los alimentos que el hombre anuncio compraba hasta ahora con los 600 euros que cobraba, que se quiten los techos bajo los cuales se refugia y que se eliminen los sueños de progresar algún día. Menos mal que el alcalde no ha añadido que, gracias al cambio que propone para la ordenanza de Publicidad, esta gente se verá beneficiada porque tendrán que dejar un trabajo tan indigno lo que les permitirá optar a otro mucho mejor que, en su ceguera, no veían.
Lo curioso es que sean los hombres anuncios los únicos amenazados. Hace cuatro años, con motivo de la creación de los agentes de movilidad, se anunció que la Policía Municipal pasaría a luchas contra la delincuencia callejera, entre la que se metió el comercio ilegal de los manteros. Hoy, cualquier persona que pasee por las calles Arenal, Preciados, Carmen o la propia Puerta del Sol pueden ver hileras de mantas con los más diversos objetos -desde bolsos falsificados a cedés piratas- sin más molestia que alguna carrerilla de vez en cuando.Claro que como quienes practican este tipo de comercio suelen ser ilegales no pueden ser prohibidos.
Señor alcalde, si en vez de pasar por la Puerta del Sol lo hiciera por El Gallinero de la Cañada Real y viera a sus ocupantes, semidesnudos con sus chabolas hundidas en el agua, con las ratas corriendo entre montañas de desperdicios y los niños sin escolarizar, seguro de que convocaría urgentemente a su equipo para acabar con una situación que, por ilegal, parece abocada a prolongarse sine die. Ponerse manos a la obra para resolver situaciones así no será, posiblemente lo que más votos le dará, pero, apelo a su sensibilidad porque situaciones como las que se viven en zonas como la Cañada esas sí atentan contra la dignidad humana.