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Humor

Alumbrados

Alumbrados

lunes 10 de noviembre de 2008, 19:01h
Actualizado: 11 de noviembre de 2008, 19:25h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Nunca llueve a gusto de todos, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y electrocutados niños y niñas que me leéis. La Comisión Nacional de la Energía, siempre atenta a las necesidades del sector, acaba de recomendar que, a partir de enero de 2009, las tarifas domésticas de electricidad suban un 31%. Claro, hasta Miguel Sebastián, el ministro de Industria, ha dicho que esto es un disparate y que el gobierno se opondrá a ello. Por una vez, un miembro del gabinete --por los pelos, eso sí-- se adelanta a los alaridos de las organizaciones de consumidores, usuarios y protestones por la carestía de la vida.

Una difícil papeleta para el Gobierno de ZetaPé, atrapado entre las recomendaciones de un consumo eficiente y el ahorro energético sostenible (esas bombillas de bajo consumo y esas calefacciones de calor azul)  y la necesidad de seguir manteniendo el crecimiento económico y recaudar impuestos. O una cosa, o la otra, porque ambas a un tiempo no. Os lo explico para vuestra comprensión...

Si la tecnología permite que los aparatos eléctricos cada vez consuman menos amperios, baja exponencialmente la facturación de las compañías eléctricas. En vuestro caso, claro, es algo como de cajón (en las clases altas es una cuestión más bien de cofre o de baúl Vuitton). Y si baja la facturación, también baja la recaudación del IVA y de los impuestos anexos al consumo de energía. Dos cosas que cualquier gobierno, por socialdemócrata y paritario que sea puede ver con buenos ojos. Eso por un lado.

Mas, hete aquí, pequeñines/as míos, que el dilema no es tal, porque deviene en trilema. Hay un tercero en discordia, como en muchas relaciones de pareja. Se trata de que si sube el precio de la electricidad doméstica, también sube el IPC y la inflación da un saltito hacia arriba. La cosa se embrolla cosa mala. Y hay que introducir, al hilo de la anterior, una cuarta variable: la de que si las compañías eléctricas facturan menos, pagarán menos por el IVA y el Impuesto de Sociedades. Otra cosa que el Gobierno no puede permitir... Y no puede hacerlo porque, dado que España es la novena economía del mundo, queda como muy mal que el Tesoro Público no ingrese todo lo que debería.

De aquí, al caos, sólo hay un paso y, además, cortito. Menos mal que aquí estoy yo, para alumbraros con mi sapientísimo ingenio y poner las cosas en su sitio. Porque, en primer lugar, las compañías eléctricas, que están para lo que están (para ganar dinero, a ver si os enteráis) solicitan una subida del 31% a sabiendas de que el Gobierno no la va a autorizar. Forma parte del juego de estira y afloja. En realidad, el sector eléctrico se conformaría con subir las tarifas domésticas un 10,7% en 2009. Y le cuadrarían divinamente las cuentas de beneficios. El Gobierno lo sabe. De la misma forma que las eléctricas saben que el Gobierno lo sabe. Y empieza el jueguecito... Al final –y si no al tiempo—la subidita se quedará en un 15,25%. Todos ganan. El Gobierno porque, de cara a la galería, demuestra que mira por las economías familiares de las clases bajas. Las eléctricas porque sacan un 4,55% sobre el 10,70% inicial que ya les convenía. Y Hacienda, nuevamente, con el aumento de tarifas, sube la recaudación tanto del IVA, como de los impuestos sobre el consumo eléctrico y el de Sociedades. Incluso los fabricantes de bombillas de bajo consumo participarán del festín recaudatorio y acabarán también pagando más impuestos a Hacienda. Negocio redondo y cuadratura de cuentas. ¿Quién da más? A saber. Eso sí, los paganos seguís siendo vosotros...
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