No es por comparar pero yo prefiero la desacralización que existe en España, en cuanto a nuestros supuestos grandes hombres o mujeres, a la adoración irracional que existe en otros países que parecen necesitar a sus santos paganos en los altares de la memoria colectiva.
Aquí, en España, el que triunfa se lo tiene que seguir ganando día a día y, aun así está bajo sospecha por aquello de nuestro deporte nacional es la envidia. No es para sentirse orgullosos de este defecto, pero cuando uno lo piensa es mucho más sano bajar de la peana a los líderes salvadores que mantenerlos eternamente ahí arriba.
Aquí a la gente se le reconocen sus méritos cuando se les hace un funeral de Estado, pero mientras tanto hay que exigirles que cumplan con su obligación, aunque en los platós de las televisiones haya opinadores/as supuestamente independientes que insultan con vehemencia y persistencia a quienes no adoran a su líder.
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Esto viene a cuento porque, por suerte, no nos parecemos a Argentina donde las diferencias entre ellos acaban cuando se habla de
Carlos Gardel,
Eva Perón,
Diego Armando Maradona o el
Ché Guevara.
¿Se imagina alguien que aquí todos estuviéramos de acuerdo con que son intocables
Antonio Molina,
La Pasionaria,
Butragueño o el
Cid Campeador?
Yo creo que tal como está el patio es más fácil que alguna gente se pegue por defender la fama de
Miguel Bosé,
Magdalena Alvarez,
Oleguer y en algunos sitios de
Juana Chaos.
El ensayista argentino
Juan José Sebreli en su obra Comediantes y mártires, separa la persona del mito construido a su alrededor.
En Gardel distingue el artista excepcional y lo separa del mito impulsado tras su muerte, a Evita, autoproclamada abanderada de los humildes, le señala su obsesión con la alta costura, y a Maradona lo perfila como un personaje tendente a bascular entre el escándalo y el fraude y al Ché lo califica de idiota político y recuerda que fue el encargado de los fusilamientos en masa en Cuba después de la revolución.
Juan José Sebreli ganador del I premio de ensayo Debate Casa de América basa su tesis en que una sociedad democrática e igualitaria en que los individuos son conscientes de su libertad no ha de poner sus destinos en manos de los mitos.
¡ Oido, cocina!