En las relaciones entre los países, el llamado a un embajador es un paso previo a la ruptura diplomática. Es deplorable que el apresurado manejo gubernamental del caso Odebrecht haya deteriorado a ese grado las relaciones del Ecuador con el Brasil: el presidente Lula da Silva llamó a su embajador en Quito, y la Cancillería brasileña congeló los planes de cooperación con el Ecuador. El canciller Celso Amorim calificó como seria la crisis con el Ecuador y puntualizó que "la naturaleza y forma de las medidas adoptadas por el Gobierno ecuatoriano no corresponden al espíritu de diálogo, amistad y de cooperación en las relaciones entre Brasil y el Ecuador".
La demanda de arbitraje ante la Cámara de Comercio Internacional de París por el pago del préstamo del estatal Banco de Desarrollo Económico y Social del Brasil es un recurso previsto en el contrato para resolver conflictos entre las partes. Aunque para las nociones de "soberanía" que maneja el actual Gobierno, esos arbitrajes son una cesión de esta, es el camino correcto el que el Ecuador haya acudido a esa instancia. Pero muestra un deficiente manejo diplomático el que el Gobierno brasileño se haya enterado primero de esa decisión por la prensa. Hasta el ministro de Áreas Estratégicas, Galo Borja, ha reconocido en entrevista a O Globo esa falla del Gobierno. El que la defensa de los legítimos intereses del país lleve al borde de una ruptura diplomática evidencia un deplorable manejo en este campo.