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Símbolos impropios

lunes 08 de diciembre de 2008, 16:49h
Actualizado: 15 de diciembre de 2008, 13:47h
En Irán, Emiratos Árabes Unidos, Mauritania, Yemen, Nigeria, Arabia Saudí y Sudán mantener relaciones sexuales con personas del mismo sexo se castiga con pena de muerte. En otros 76 países con cárcel.

Francia, en su condición de presidencia de turno de la Unión Europea (UE), se ha propuesto lograr que la Asamblea General de la ONU declare la despenalización de la homosexualidad antes del fin del 2008. La resolución tiene como objetivo  evitar la cárcel y la pena de muerte a los homosexuales. No es el primer proyecto de resolución  en busca de una respuesta institucional y específica a los derechos de los homosexuales. Brasil impulsó una en 2001 y países como Holanda y Suecia, venían exigiendo hace años la necesidad  de explicitar legalmente la no discriminación contra las minorías sexuales.

La Oficina del Alto Comisionado por los Derechos Humanos comenzó a recoger denuncias sobre discriminaciones por orientación sexual hace casi una década y otros estamentos[1], ya han apelado expresamente contra la homofóbia.

Que en el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se retome la iniciativa es importante, ya que la orientación sexual es un elemento principal en nuestra condición humana y por tanto,  establecer  esa condición y expresarla libremente es un derecho humano.

La jerarquía católica ha comenzado a “remover Roma con New York” para impedir que la resolución salga adelante. Que la jerarquía de la Iglesia Católica arremeta contra los Derechos Humanos es habitual. Quienes nos fijamos con atención en su discurso venimos denunciando como su lobby se ocupa, desde la declaración de  Beijing, en presionar y alentar a los gobiernos a eliminar las referencias a la "orientación sexual" y a las “cuestiones de género" de los textos de Derechos Humanos.

Esa estrategia es la que ha llevado a los ultra-católicos  españoles a activar un ataque organizado contra esos contenidos en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Por tanto, esta andanada vaticana ni es repentina, ni es insólita.  Lo que si resulta insólito e infame es que  tengamos que acudir a lugares oficiales en que se incumple el artículo 16.3 de la Constitución Española. Uno de ellos es el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Madrid que sigue presidido por uno de los símbolos que utiliza esa indigna jerarquía católica que ampara que siete países del mundo condenen a muerte a gays y lesbianas.

Ángeles Álvarez
Portavoz adjunta del Grupo Municipal Socialista de Madrid.
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