La habilidad de un buen presidente de Gobierno está en rodearse de personas que, prescindiendo de la capacidad de gestión en su ministerio, cuando las cosas van bien son capaces de decir públicamente que lo conseguido es gracias a la gestión del presidente y cuando las cosas van mal son los primeros en asumir todas las responsabilidades.
.png)
Todos los ministros de
Rodríguez Zapatero tienen muy clara la premisa anterior, pero el que se está llevando la palma a la hora de proteger a su presidente es nuestro querido ministro
Pedro Solbes.
Solbes es una persona de la que no se puede dudar de su capacidad, formación y experiencia y que, además, tiene la virtud de aburrir a las cabras, pues tiene una forma de expresarse monótona y monoacorde, hasta el punto que alguien que no entendiera el castellano no sabría si la noticia que está dando es buena o mala, porque es capaz de decir lo mejor o lo peor con el mismo tono y cadencia.
Cuando un ministro ya no es capaz de proteger a su presidente, ofrece su último sacrificio aceptando su cese sin protestar y sin reivindicar que los errores cometidos lo han sido por tener que cumplir ordenes superiores.
Solbes nos engañó en el debate con
Pizarro, admitió el regalo de los 400 euros cuando había superávit, presentó, defendió y consiguió que se aprobara un presupuesto basado en unas condiciones macro económicas que todo el mundo le decía que no se ajustaban a la realidad y finalmente, lo que es peor, acaba de hacer unas declaraciones públicas en las que nos augura un panorama negrísimo, aunque
Almunia y la UE aún lo pronostican peor, diciendo, además, que ha hecho todo lo que ha podido y ya no sabe qué otras cosas hacer.
Si en política existe la lógica, no tardaremos mucho en ver cómo Rodríguez Zapatero, con alguna excusa, eso sí, muy bonita, dirá que admite la petición de dimisión del señor Solbes.