Chile: actores y condiciones del debate
sábado 24 de enero de 2009, 14:48h
Actualizado: 25 de febrero de 2009, 22:39h
Aclarado, en el escenario político chileno, el tema de los nombres que representan a los principales sectores en pugna -la derecha y su afán de blanquearse definitivamente a través de una toma “democrática” del poder, y la Concertación, tan multifacética, que a ratos parece más dispuesta a desgarrarse entre ellos, que a configurar una estrategia de triunfo- llega la hora del debate.
No cualquier discusión, sino un auténtico intercambio, no de adjetivos y descalificaciones, que tanto abundan en el habitual lenguaje político, sino de pensamientos, reflexiones, proyectos, sueños y esperanzas, es decir un debate de fondo sobre los temas que realmente afectan la vida, el porvenir de los ciudadanos.
Y aquí surge un asunto crucial, un desafío frontal a las burocracias partidistas, a los comandos e incluso a los propios candidatos: el de quiénes deben ser los actores de este debate.
Es un problema de fono, de método, para elaborar las plataformas políticas, nutrir de realidad el discurso, definir los programas futuros, para que sintetizados en consignas, movilicen, cautiven a las personas, inspiren la acción política concreta, conquistan la voluntad, enciendan el entusiasmo, motiven la voluntad y el corazón de los electores, los ciudadanos.
Esta actividad debe ser tan personal y directa, tan honesta y franca, tan respetuosa de la opinión que surge del colectivo, de la población, del barrio, de la organización social, de la base social, que debe entenderse como un paso del ejercicio de la democracia real que el país reclama, del compromiso, cuyo cumplimiento espera.
Y la verdad que muchas veces ha sido frustrado por el olvido, el interés electoralista, la falta de verdadera vocación de servicio público, que desgraciadamente ha caracterizado a muchos de nuestros políticos.
Aun es tiempo para que los partidos, los dirigentes políticos de la Concertación asuman esta acción política, esta conducta básica de la democracia: garantizar que la opinión, las demandas, aspiraciones y sueños del pueblo sea escuchado, y sobre todo, sea tomando en cuenta en sus propios partidos y estructuras de campaña.
Es una grave falencia del sistema democrático de Chile- así como del resto de América Latina, que los Partidos, y que la democracia propiamente tal, no sean bien considerados en los estudios de Opinión Pública, siendo objeto de desconfianza o de indiferencia, cuando no de rechazo.
En los hechos, los Partidos se han ideo alejando de los ciudadanos.
Pero sin los ciudadanos y sin los Partidos, sin el sistema de Partidos, sino imposible, construir, profundizar y sobre todo defender la democracia.
Pero no puede seguir repitiéndose la situación de los Partidos, sus líderes sonrientes, llegan a ellos a pedir el voto, pero luego se alejan de ellos, urgidos por la labor legislativa, los compromisos sociales, las consideraciones de la “gran política”, o simplemente porque en la agenda del honorable, o del ministro o del dirigente del partido tal o cual, no se deja tiempo para ese indispensable contacto con la gente.
Lo que debería ser una norma, una condición política y ética para ejercer una responsabilidad política, es francamente la excepción.
Aquí no se trata del populismo, la manipulación o la simple demagogia.
Se trata de escuchar y de tomar en cuenta, pero sobre todo dar la oportunidad a los ciudadanos de participar en la construcción de su futuro y de sus derechos.
Se trata, en definitiva, de la “Participación”, un elemento tantas veces prometido, tantas veces postergado, pero que es necesario como el aire para fortalecer la democracia, para ejercerla.
Después, y a partir de ella, podemos iniciar la discusión, el debate sobre los contenidos, las grandes definiciones lo, de nuestro accionar político de los programas.
Con toda certeza que será mucho más útil, más enriquecedor y productivo, tanto el debate, como sus resultados. Y sobre todo se habrá generado una confianza de los ciudadanos en aquellos a los que entregue, encargue su representación, conceda la oportunidad de hacer política.