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El rasgo

El rasgo

sábado 31 de enero de 2009, 14:40h
Actualizado: 02 de febrero de 2009, 07:26h

Con ese título, Larra escribió un célebre artículo en el que criticaba los despilfarros de la familia real, que intentaba, con una mínima donación, ganarse los favores del pueblo. Ni qué decir tiene que el artículo le costó no pocos sinsabores al genial periodista. A los poderosos les gusta poco la crítica, aunque cierto es que los gobernantes actuales tienen que tragarse muchos más sapos que en tiempos de don Mariano José. El caso es que el gobierno de Zapatero no es aquella realeza cuestionable y cuestionada, pero también tiene sus rasgos, qué diablos. En el Consejo de Ministros del pasado viernes nos anuncia que va a disminuir los gastos en publicidad institucional (quiere decir en autoglorificarse) nada menos que en un 19 por ciento con respecto al año pasado y un 43 por ciento menos de lo invertido en el año preelectoral de 2007.

Fastuoso. Se trata del equipo que llegó criticando -con razón- a los gobernantes anteriores, que, en la etapa de Aznar, se lanzaron a una campaña sin tasa ni mesura de loa y latría a las realizaciones gubernamentales. Lástima que esas críticas de los recién llegados socialistas se viesen un tanto empañadas por el hecho de que, poco después, casi duplicaron los derroches publicitarios del aznarato. Bueno, ahora contienen esos derroches en casi un 20 por ciento, para demostrar que quienes gestionan nuestros impuestos se han enterado de que estamos en crisis. Un rasgo, lo dicho. No seremos nosotros, que, como buena prensa digital, jamás hemos sido agraciados con esa propaganda gubernamental (perdón, publicidad institucional), quienes nos lamentemos por esa medida, que sin duda ahogará algo más a unos colegas de papel que, como todos, pasan por momentos de angustia. Todo un rasgo, ya decimos, por parte del equipo Zapatero.

Pero no basta con ese ‘rasgo’. La ciudadanía sigue sin creerse que quienes nos gobiernan se hayan instalado, ellos mismos, en la crisis: algunos alcaldes, entre ellos el de Madrid, se suben desproporcionadamente los sueldos o se lanzan a obras perfectamente innecesarias (tal vez para justificar esa lotería de ocho mil millones de euros que llegan a los ayuntamientos). Las autonomías, especialmente la privilegiada catalana, se desparraman en dispendiosos y absurdos informes, como los este sábado denunciados por el diario ABC. El presidente Zapatero se niega a reconocer la inutilidad de algunos ministerios, que bien podrían suprimirse, total para lo que hacen. Los viajes ‘gratis total’, con séquito abundante, siguen proliferando y las tarjetas de crédito para gastos más o menos reservados se mantienen en saludable vigor. Seguro que el rasgo de este viernes se podría completar con otros varios recortes más: ¿a que sí?

 

 


 

 

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