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Bandera de ruina

Bandera de ruina

martes 10 de marzo de 2009, 18:56h
Actualizado: 12 de marzo de 2009, 07:26h
Los ciudadanos se preguntan, con ocasión de la inoportuna conmemoración del primer año del Gobierno, por qué, bajo su mandato, una crisis de dimensiones internacionales es más grave en España que en otras naciones cuando anteriormente se sumaban varios años de crecimiento de una de las diez primeras economías del mundo. Por qué, ahora, la Comisión Europea nos sitúa en el penúltimo grado hacia la pobreza, solo superado por Letonia, con una de cada cinco personas en el límite de la ruina. Por qué nuestro desbordado índice de paro es mayor que el del resto de los países desarrollados y nuestra recesión va a ser mas larga y profunda que la de nuestros socios europeos.

    No es necesario analizar las medidas que volatilizaron el superávit, las imprevisiones derivadas del empeño en negar la crisis, de los despilfarros para alimentar expectativas electorales socialistas, de la falta de diálogo social y la falta de reformas estructurales que recomendaban los organismos internacionales, de la resistencia a bajar impuestos o a orientar la inversión hacia terrenos productivos. Todo se resume en que España ha tenido la mala suerte de que el vendaval nos ha pillado navegando con un gobierno de bandera socialista.

Desde que aquello que, a finales del siglo XIX, se llamaba socialismo utópico o científico pasó a influir, a partir del siglo XX, en la política práctica, la bandera roja -común tanto al socialismo teórico como al totalitarismo llamado socialismo real- se convirtió en un síntoma de ruina para los Estados y pobreza para los trabajadores. Tanto el socialismo real como la socialdemocracia provocaron decadencia económica a los pueblos que los han padecido.

    Se dirá que estos gobernantes están donde están porque el pueblo lo ha querido. Esto justificaría la legitimidad de origen de su poder pero no el fracaso de su ejercicio. Esto no demuestra sino que, en ciertas coyunturas, los pueblos son fáciles de ilusionarse y lentos en desengañarse. Hoy, entre nosotros, con tantos trabajadores en paro y tantos empresarios en cierre, es de suponer que muchos ya saben cuál es el color de la bandera de ruina y algunos comiencen a preguntarse cuántos años podemos seguir con un gobierno inapropiado para superar tiempos difíciles.
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