www.diariocritico.com
Presidente o lehendakari

Presidente o lehendakari

sábado 18 de abril de 2009, 13:01h
Actualizado: 21 de abril de 2009, 07:43h

“ANTE DIOS HUMILLADO…”
Acabo de estar en Addis Abeba. Se reunían representantes de 146 parlamentos del mundo. Compruebo en cada viaje que eso de que el nacionalismo se cura viajando no deja de ser una gran boutade. En todo caso el nacionalismo se reafirma viajando si se va con los ojos y oídos bien abiertos.
En nombre de Dios Clemente y Misericordioso…” ha sido la fórmula con la que iniciaban su disertación en el pleno de la Unión Interparlamentaria celebrada en esta capital de Etiopía, casi la tercera parte de los intervinientes. La UIP reúne a todos los Parlamentos desde 1889 y es éste un foro en el que se pulsa bien lo que es ésta aldea global. Hace quince días observé en directo como el nuevo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, del izquierdista Frente Farabundo Martí, iniciaba su discurso anunciando su victoria invocando a Dios. Y, en enero, todos pudimos ver en vivo y en directo, al presidente Barack Obama jurar, no prometer, ante la Biblia su cargo de presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y nombrar a Dios en cinco ocasiones de su discurso inaugural de la presidencia. Tres ejemplos rotundos de lo que pasa en el mundo y sobre lo que hacen representantes que tienen en cuenta el humus con el que está construida la sociedad a la que pretenden servir, sin olvidar en el recuento el lema de la monarquía británica “Dieu et mon Droit” de un país dirigido por un laborista, que quizás no sea creyente, pero al que no le molesta la buena tradición.


Sin embargo por aquí empezamos a ver en qué consiste el famoso “Cambio”, cuando leemos que Patxi López modificará la fórmula con la que los Lehendakaris nacionalistas, una vez elegidos en el Parlamento Vasco, juraban su cargo bajo el Árbol de Gernika. Al parecer la van a reconvertir, encuadrarla en la Constitución española y eliminar cualquier connotación religiosa. Es decir, desfigurarla y hacerla irreconocible. Está en su legítimo derecho y, al parecer, apoyado de forma entusiasta por un PP del que he escuchado los mayores denuestos contra un Obispo como los insultos que profirieron Antonio Basagoiti y Mari Mar Blanco contra monseñor Uriarte en la campaña electoral. El mundo al revés.
Romper con tradiciones es fácil, pero quizás quita solvencia a quien ejerce de iconoclasta aficionado por desconocer la realidad, ya que aquella fórmula que utilizó el primer Lehendakari de la historia, José Antonio de Aguirre, además de, para mí, bellísima y solemne, surge en un momento en el que aquel gobierno tenía al enemigo levantado en armas a veinte kilómetros de la Casa de Juntas y se hizo asimismo ante aquel primer gobierno de la historia vasca que  lo era de concentración, y tenía un programa común y tres consejeros socialistas en su gabinete, los tres, por cierto, enterrados en el exilio. La derecha sublevada, lógicamente no formaba parte de aquel ejecutivo. Entiendo por tanto el por qué al Partido Socialista le interesa tan poco hablar de su propia y reciente historia que al parecer toda ella queda resumida en la figura de Ramón Rubial, a quien casi todos conocimos y respetamos. Pueden hacer alguna referencia a Indalecio Prieto pero jamás ni una palabra sobre Tomás Meabe o Julián Zugazagoitia, diputado por Bizkaia, ministro y Director de El Socialista, fusilado en 1940, y, mucho menos de aquellos tres Consejeros socialistas que aprobaron en la primera reunión de aquel gobierno la ikurriña como enseña del Gobierno Vasco y el Himno actual, ratificado por ley en el Parlamento Vasco en 1982. La historia arraiga y, en este momento, conviene cierto desarraigo para que no se note mucho con quien se pacta.
El autor de aquel Juramento leído por Aguirre fue Juan de Ajuriaguerra. Lo supe cuando se me ocurrió repetirla en público en un mitin de la campaña electoral de las elecciones legislativas de junio de 1977. Fue en el campo de fútbol de Gernika y dije convencido que algún día volveríamos a tener un gobierno vasco y un Lehendakari que repetiría la fórmula de Aguirre bajo aquel Árbol.

Al terminar aquel mitin, Ajuriaguerra, me reclamó la alusión dándome la explicación de que aquel texto lo había redactado él y por el que se sentía muy orgulloso. Le respondí que no tenía ni idea de aquel dato, y, cuando se le pasó aquel pequeño berrinche me dijo que efectivamente había que lograr que algún día se convirtiera en la fórmula habitual de los Lehendakaris ya que Leizaola, en el cementerio de San Juan de Luz en 1960, ante el féretro de Aguirre, había utilizado una propia impelido por las circunstancias del difícil momento.

Juan de Ajuriaguerra murió un año después y, cuando en marzo de 1980 Carlos Garaikoetxea fue elegido como tercer presidente del Gobierno Vasco le hicimos llegar aquel anhelo y él, con buen criterio, lo hizo suyo e introdujo la expresión “ante los representantes elegidos por el pueblo vasco” o algo parecido, fórmula que repitieron los Lehendakaris Ardanza e Ibarretxe habiendo querido el Diputado General de Bizkaia de la época, José María Makua, esculpirla en la fachada de la Casa de Juntas que da al patio donde se encuentra el Roble. No sé si aquel deseo se hizo realidad.
Lo que sí recuerdo fue la presencia posterior del ministro Jesús Posada en representación del gobierno presidido por José María Aznar en la segunda reelección de Juan José Ibarretxe como Lehendakari. Fue un día lluvioso, ETA acababa de atentar y el futuro era incierto bajo aquella ofensiva de los extremos pero el ministro no tuvo empacho en reconocer públicamente que no había asistido a ninguna ceremonia de aceptación de un mandato tan solemne y entrañable.

Entiendo pues, que un gobierno del Partido Socialista apoyado por el Partido Popular le moleste este Juramento. Lo entiendo. La fórmula tiene 73 años y hay que cambiarla, laicizarla, hacerla irreconocible. Que se note, como se notará el dichoso “Cambio” del mapa del tiempo en ETB. Entiendo que lo que aprobaron en octubre de 1936 tres Consejeros socialistas sobre el Himno que fue ratificado en el Congreso Mundial Vasco de 1956 celebrado en París, haya que modificarlo y tratar de apostar por la magnífica canción foral-carlista del bardo Iparraguirre, el “Gernikako Arbola”. Lo entiendo. Muera el pasado político. Pero, siguiendo éste razonamiento, lo lógico sería que Patxi López sea el presidente del Gobierno Vasco, como lo fue Ramón Rubial del Consejo General Vasco, y no su Lehendakari, en el caso de ser elegido. A fin de cuentas “Lehendakari” es un neologismo hecho a medida del Lehendakari nacionalista José Antonio de Aguirre. De cambiar, hay que cambiarlo todo. Ya lo decía hace un mes en el ABC Manuel Martin Ferrand, haciendo suya la reflexión de Jon Juaristi: “lehendakari es un término calcado subte los vocablos fascistas de los años treinta que se referían al caudillaje de masas, como führer, duce, conducator y por supuesto, caudillo, de los que es estrictamente sinónima”.

   Y sobre todo hay que olvidar a Aguirre, que era un diputado de 32 años del PNV, quien en su libro “De Gernika a Nueva York pasando por Berlín” escribió sobre éste acto, lo siguiente:
“El silencio que reinaba aquella tarde en Gernika era la mejor demostración de la emoción que embargaba a aquella gente. Los que lloraban, que eran muchos, también lo hacían en silencio. Situado debajo del Árbol, yo pronuncié en voz alta la fórmula del Juramento:
Jaungoikuaren aurrean apalik Ante Dios humillado
Euzko Lur ganian zutunik,  En pie sobre la tierra vasca
Asabearen gomutaz,  con el recuerdo de los antepasados
Gernika’ko zuaizpian  bajo el Árbol de Gernika
Nere aginduba ondo betetzia Juro
Zin dagit”    Cumplir fielmente mi mandato”

En aquellos mismos instantes en que yo pronunciaba mi juramento, nuestra juventud, mal equipada y peor armada, se batía contra los ejércitos de Franco, en montañas que solamente veinte kilómetros separaban de Gernika”.

Hasta aquí el Lehendakari Aguirre. Se entiende por tanto que ésta historia se quiera olvidar. No le conviene a los herederos de aquel partido socialista de 1936 que se visualice hoy en la próxima ceremonia de Gernika el acuerdo con un partido que tiene como presidente fundador a un ministro que lo fue del Gobierno de Franco y que se jacta de no haber aprobado el título VIII de la Constitución, ni el estatuto de Gernika en 1979 del que hizo campaña en su contra. Cosas de la vida.

Si en 1979 a los negociadores vascos en Madrid, en la discusión estatutaria, se les impidió llamarles a los Consejeros del Gobierno Vasco, ministros, pues solo éste título lo podían utilizar los designados por el presidente del gobierno central, ahora en evidente lógica y tras cargarse toda la simbología que ha sido admitida por el partido socialista hasta hoy y en aras de un auténtico “Cambio”, debería eliminarse el apelativo Lehendakari al futuro presidente de gobierno vasco, ya que los “Cambios” o son radicales, o no sirven para nada.

Ah!. Y cuando los organizadores de la convocatoria de la nueva promesa, que no Juramento, hagan la agenda del Sr. López,  les sugiero que le lleven a la Villa Foral en el autobús que ha paseado por las calles de Madrid el lema de: “Probablemente Dios no existe”. Así, toda esta ceremonia, estaría más en consonancia con los nuevos tiempos y con la desaparición de ese nacionalismo histórico vasco al que se pretende dar carpetazo. Estaría todo mucho más en la lógica de éste nuevo Gobierno y Don Manuel Chaves, nuevo Ministro de Administraciones Públicas, podrá aplaudir en Gernika, todavía aún más satisfecho, toda la ceremonia que nada tendrá que ver con 73 años de una historia en las que el PNV y el PSE han sido co-protagonistas.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios