Y parece que fue anteayer, amadísimos, globalizados, megaletileonorizados e iraqueados niños y niñas que me leéis, pero de la reunión aquella de las islas Azores, celebrado el 19 de marzo de 2003, ya ha transcurrido su tiempo, aunque, claro está, desde el domingo que toda la prensa digamos que poco afín a la Peperez, lo anda recordando...
Sí, estamos de acuerdo, lo de Iraq es algo así como una pesadilla para toda la progresía mundial... Sale a relucir eso de las armas de destrucción masiva que nunca existieron... o sea, que Saddam Hussein masacraba a los disidentes y a sus familias por lo normal: tiros, bombas, napalm, misiles de corto alcance y un gas, el mostaza, también llamado iperita (hasta a mí me sorprende la sapiencia de Paco Carballeira, el capitán de mi yate, que es quien me ha pasado el dato) que venía de la guerra de 1914. O sea, que Hussein era doblemente perverso. Primero por matar a los disidentes y, luego, por hacerlo de forma anticuada, sin tener armas de destrucción masiva, para fastidiar a EEUU.
Porque tanto George W. Bush –el padre de la invasión--, como Tony Blair –su socio— y José María Aznar, digamos que en funciones de palmero azoriano, son todavía víctimas de la suprema maldad de quien fue el Amo Supremo de Iraq. ¿Por qué ese extinto malvado no podía haber tenido armas de destrucción masiva? ¿Y si las tuvo y las destruyó sin dejar rastro antes de la invasión? ¿No sería esto una perversión criminal merecedora de la horca? Además, ¿quién nos dice que, de no haber invadido Iraq, hico a las 0315 horas de hoy, 20 de marzo, Saddam Hussein no hubiese pensado en utilizar armas de destrucción masiva, en caso de haberlas tenido?
Porque, pequeñines/as míos/as, está más que demostrado que la intención de Bush, de Blair y de Aznar no sólo era buena (buena, especialmente para la industria petrolera norteamericana) sino que, además, era justa, equitativa y saludable. Había que poner orden en Oriente Medio... Vale, de acuerdo, acepto pulpo como animal de compañía y, además, tengo que reconocer que en cuatro años de orden, como que no. Pero la intención es lo que cuenta.
Pero si lo dijo ayer, en Australia, en una conferencia el propio marido de Ana Botella... Con o sin armas de destrucción masiva, la invasión de Iraq ayuda a combatir el terrorismo mundial. Desde el 20 de marzo de 2003, por tanto, gracias a la triple clarividencia de Bush, Blair y Aznar, este mundo es un poco más seguro. Y la industria petrolera, por supuesto, funciona de maravilla, que no hay seguridad que valga si la economía se queda estancada.
Ayer, Bush, en un esfuerzo supremo de oratoria (su discurso duró cinco minutos) pidió tiempo para solucionar lo de Iraq. Porque el líder mundial está dispuesto a solucionarlo, no os quepa la menor duda. Eso sí, no seáis malvados/as y no le preguntéis ni el cómo ni el cuándo. Pensad que hasta el gobernante del país más poderoso del mundo, también es de carne y hueso, como nosotros, y no puede someter a su cerebro a esfuerzos sobrehumanos. Valorad pues su recta intención y la buena voluntad que le pone... La misma que pusieron Blair y Aznar hace cuatro años... Y la que ahora siguen poniendo ambos, claro.