De acuerdo a la última encuesta nacional de IPSOS Apoyo, si las elecciones fuesen mañana Keiko Fujimori entraría a la primera vuelta y en el primer lugar con 25%.
La verdad que para quienes apostamos por un país moderno y progresista, institucionalizado y respetuoso de los derechos humanos es francamente deprimente que tantos peruanos simpaticen con la hija de quien encabezó la dictadura más corrupta de la historia del país y que tiene como agenda única indultar a papi de sus crímenes (¿Alguien le conoce una reflexión o una propuesta medianamente elaborada y coherente a Keiko sobre algo?).
Pero con todo lo desagradable que es este dato hay bastantes matices que se les pueden poner al analizarlo.
Para empezar faltan dos años para las elecciones y en el Perú eso es hablar de una vida (política) entera. Puede pasar cualquier cosa de aquí al 2011 (incluyendo es verdad que se mantengan estas tendencias). Pero no estamos ante un escenario cerrado y lacrado; lo que finalmente suceda dependerá de muchísimos factores, dentro de ellos en primerísimo lugar, de lo que hagan o dejen de hacer los otros actores políticos y sociales del país.
Aún así, que Keiko Fujimori tenga 25% y encabece las preferencias es un dato muy fuerte que corrobora encuestas anteriores. Es claro ya que estamos ante una reagrupación del electorado fujimorista (y de su promotores en los medios, quienes como hemos visto ya no tienen temor alguno de mostrar el kimono que orgullosamente exhibieron en los noventas).
El punto de partida es que Fujimori fue un gobernante que polarizó al país y por tanto una buena parte lo apoyaba a muerte. Ese sentimiento estuvo oculto bajo la alfombra, por lo difícil y vergonzoso que debe ser justificar los vladivideos, la renuncia por fax, la candidatura en Japón, etc., etc., etc. Pero el juicio puso sobre el tapete otro aspecto de su gestión en el gobierno, uno que muchos de ellos siguen justificando (“los costos colaterales eran inevitables y lo único que importa es que nos salvó del terrorismo”). Con ese telón de fondo el “martirologio” de su líder ha galvanizado a sus huestes. Si se observa bien es casi idéntico el porcentaje de los que creen que Fujimori debió ser considerado inocente, con los que apoyan a Keiko en las encuestas. (Además los fujimoristas, a diferencia de todos los otros sectores, están en campaña política abierta, tienen muchos recursos y como se ha dicho tienen cada vez más poder en los medios).
Ahora bien, lo que favorece a Keiko Fujimori es también su debilidad.
Si 27% cree a su papá inocente, hay un 26% que considera que la sanción fue poca, un 19% adicional para quienes los 25 años son justos y otro 25%, que si bien lo sabe culpable, pide una rebajita. (Un resultado que no condice para nada con la imagen que uno de los tabloides fujimoristas buscó proyectar al día siguiente de la sentencia).
Si los juicios son los que han determinado el rebrote fujimorista, reavivando la polarización a favor y contra de su persona (el 70% restante lo considera culpable), pues lo que se viene ahora son los juicios por corrupción y, paradojas de la naturaleza humana, a muchos para los que los que la vida de un estudiante de la Cantuta o la de un niño en Barios Altos les pareció un costo inevitable para acabar con Sendero, les será mucho más difícil de asimilar que Fujimori le haya regalado a Montesinos 15 millones de dólares por “servicios prestados a la Nación” o que con plata de nuestros impuestos Fujimori haya hecho comprar clandestinamente un canal de TV para que lo apoye en su ilegal reelección.
Mucho pan por rebanar. Pero, ojo, hay que rebanarlo.