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El pescado está vendido

jueves 07 de mayo de 2009, 18:19h
Los españoles somos nuestros jueces más rigurosos y aplicamos la máxima siempre que podemos. Madrid está de examen y los periodistas, cansados de seguir a una comitiva a lo lejos, nos ponemos a criticar de qué sirve la agenda si se cambian continuamente los horarios, que si los capitanes del Real Madrid les han dado plantón a los del COI; que si hay demasiada seguridad en torno al Villa Magna; que por qué se ha reservado todo el hotel, que cuál es la causa de que los periodistas no hayan podido ver las obras de instalaciones como el Centro acuático, que si mira que son modestos los redactores del dossier cuando los propios delegados del COI han afirmado que la realidad es mejor que lo que han leído, que si...

No sé si en el resto de los países son tan críticos con lo suyo pero aquí, cuando queremos hacer las cosas bien, somos más papistas que el Papa. Y, eso, aunque a algún responsable le duela, es lo mejor que podemos hacer si queremos, como ya hicimos en Barcelona, sorprender al mundo. Madrid se merece unos Juegos pero no unos Juegos más. De los de Barcelona aún se habla y muy bien, al contrario de los de otras ciudades cuyo recuerdo se ha perdido en el olvido.

Tras estos días de visita, los delegados del COI ya se han hecho una idea bastante aceptable del apoyo de las autoridades y de los deportistas al proyecto de Madrid 2016 y ya han pisado unas instalaciones completamente terminadas, otras que habrán de modificarse y otras más de las que, de momento, tan sólo existen los solares.  Por su tribunal han pasado desde ministros hasta técnicos que han respondido a cuantas preguntas se les ha realizado. El trabajo ya está hecho o, como decimos en Madrid, el pescado está vendido.

Que nos den o no los Juegos, a partir de este viernes, ya no va a depender de lo que les mostremos sino de esa correlación de fuerzas, de esa lucha de lobbys, de ese pasteleo y chalaneo internacional que ya nos dejó en la cuneta cuando se eligió a Londres como sede de los del 2012. Sabemos que es muy difícil hacer frente a la "ola Obama", quien, como el niño que ante el escaparate elige el juguete preferido con la mirada fija en sus padres, ya ha anunciado que sería feliz presidiendo los Juegos en su ciudad, pero ahora no vale tirar la toalla. Si estamos corriendo hay que dejarse la piel hasta el último metro pero sin desfondarse. De eso saben mucho los deportistas.
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