Las autoridades parisinas han solicitado la colaboración del Pentágono para emplear los sistemas de rastreo vía satélite entre el este de Brasil y la costa de África oriental. Se ha dibujado una línea imaginaria de 2.000 kilómetros. Y se han involucrado en la operación la Guardia Civil española, la Marina francesa, el ejército brasileño y muchos otros países concernidos geográficamente en la zona del accidente.
La mayoría de los pasajeros y tripulantes eran de nacionalidad francesa y brasileña. También iban a bordo dos ciudadanos españoles, Andrés Suárez Montes, un ingeniero sevillano casado y de 38 años, y de una mujer catalana cuya identidad aún no se ha difundido.
Asimismo, había nueve chinos, nueve italianos, seis suizos, cinco británicos, cinco libaneses, cuatro húngaros, tres eslovacos, tres irlandeses, tres noruegos, dos estadounidenses, dos marroquíes y dos polacos, además de un ciudadano de cada uno de los siguientes países: Argentina, Austria, Bélgica, Canadá, Croacia, Dinamarca, Estonia, Filipinas, Gambia, Holanda, Islandia, Rumanía, Rusia, Sudáfrica, Suecia y Turquía.
Ahora se trata de reconstruir el vuelo del Airbus y de plantear las posibles variantes. El problema es que el Atlántico puede devorar el avión en muy poco tiempo, siempre y cuando no se haya producido anteriormente una explosión en el aire.
Brasil ha iniciado la búsqueda a 1.100 kilómetros de sus costas, mientras que Francia ha desplegado tres aviones de reconocimiento y una nave de la Marina en los aledaños de Senegal y de Cabo Verde. Se añade a ellos el avión de rastreo de la Guardia Civil, aunque comienza a percibirse en las autoridades galas una verdadera sensación de frustración respecto al resultado positivo de la operación.
Es como buscar una aguja en un pajar, por mucho que trate de acotarse el espacio de búsqueda en función de las últimas comunicaciones automáticas del avión siniestrado. El aparato se habría estrellado después de cuatro horas y cuarto de vuelo, en el espacio aéreo de Senegal, pero es una información demasiado vaga.
De ahí que adquiera cada vez más peso la resignación. En tal caso, las cajas negras se las habría tragado el mar y el misterio del Airbus quedaría sin respuesta para siempre.