Hoy 18 de junio comienza un nuevo Consejo Europeo en el que los líderes europeos, es decir, los Jefes de Estado o de Gobierno de los 27 Estados de la Unión van a debatir cuatro cosas. La primera de ellas, la posibilidad de llegar a un acuerdo sobre las garantías necesarias que quiere Irlanda para convocar un nuevo referéndum que desatasque el proceso de construcción europea, pues Irlanda rechazó hace justamente un año en un referéndum dicho Tratado y sin la ratificación de todos los Estados de la Unión el Tratado nunca entrará en vigor, como ya le pasó a la llamada Constitución Europea. Las concesiones que hará el Consejo garantizan de manera explícita la neutralidad militar de Irlanda, no quedando ésta vinculada por ningún compromiso mutuo de defensa común, se afirmará que el Tratado de Lisboa no prevé la creación de un ejército europeo o la formación de un servicio militar obligatorio y se garantizará para Irlanda su prohibición del aborto, la autonomía fiscal, los derechos de los trabajadores y el mantenimiento de un Comisario por país. Todo ello será hecho en tres anexos a las Conclusiones del Consejo.
La segunda cuestión que se va a tratar es la referida a la situación económica, financiera y social haciéndose un balance de la eficacia de las medidas adoptadas para fomentar la estabilidad financiera y se examinará el informe del grupo de alto nivel
“Informe De Larosssiere” dirigido por el antiguo Presidente del Banco de Francia y las propuestas de la Comisión, a partir del documento realizado el 4 de marzo titulado
“gestionar la recuperación europea” que plantea reestablecer y mantener un sistema financiero estable y fiable, apoyar a la economía real, apoyar a la ciudadanía durante la crisis, plantear una Cumbre sobre el empleo y fomentar la recuperación global. La tercera cuestión se refiere al debate sobre el cambio climático para preparar la Conferencia de Copenhague y a la estrategia de desarrollo sostenible y por último se tratarán los temas de relaciones exteriores que planteen los jefes de Estado y de Gobierno, dándose realmente fin a la Presidencia checa.
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No se ha hablado mucho de estas cuestiones, porque la prensa sigue pasando de los temas europeos, pero si inquieta saber qué va a pasar con Durao Barroso, si sigue o no sigue como Presidente del Ejecutivo Europeo después de la polémica levantada el 5 de junio cuando el líder de los socialistas europeos
Poul Nyrup Rasmussen se atrevió en Le Monde a pedir un cambio de Presidente, demandando un liderazgo fuerte, y continuando con este ataque, la polémica surgida por la carta enviada por 8 exdirigentes socialistas europeos, entre ellos
Schröeder,
Soares,
Jospin y
Felipe González lamentando que no hubiera un candidato alternativo. El Tratado de Lisboa, precisamente permitirá al Parlamento intervenir en la elección del Presidente, cosa que ahora no sucede y por ello se ha hablado hasta la existencia de un vicio de forma y será necesario que en julio su nombramiento se someta a votación en el Parlamento Europeo donde precisa la mayoría de los miembros, según el Tratado de Lisboa, es decir, 369 votos, mientras que según el Tratado de Niza sólo requiere la mayoría de los diputados presentes en la votación.
Estas precisiones parecen llegar tarde porque
Durao Barroso lleva trabajando su reelección durante mucho tiempo y con bastante habilidad y sus preocupaciones políticas han desaparecido al conocer los resultados de las elecciones, que han sido contrarias a los socialistas europeos. En todo caso su situación es más complicada porque aunque supuestamente algunos líderes socialistas como los Primeros Ministros de España, Portugal y Gran Bretaña le apoyan como otros líderes populares como los de Francia y Alemania han mostrado sus reticencias a que este proceso se consume ahora.
Merkel y
Sarkozy preferirían dilatar el nombramiento de Presidente o al menos exigirle a Duraro Barroso un programa para su segundo mandato con una serie de compromisos entre los cuales se encuentra el de dar un impulso político a la Unión Europea. Lo cierto es que ninguno de los candidatos posibles, sobretodo
Rasmussen y
Pascal Lamy han dado un paso hacia delante y hábilmente Barroso ha movido otros temas paralelos como la cuestión de los candidatos europeos a ocupar los puestos de Comisarios o de Ministros de cada país, mientras se plantea también la cuestión de la Presidencia del Parlamento, probablemente r
esuelta a favor del popular
Jerzy Buzek para el primer período y del socialista Martin Schulz para el segundo. La otra pieza que se está moviendo es la del futuro Presidente de la Unión Europea tan pronto entre en vigor el Tratado de Lisboa y ahí como sabemos se está jugando con varios nombres sobre todo socialistas como
Tony Blair, Felipe González,
Joschka Fischer y
Guy Verhofstadt. En todo caso, el Durao Barroso del segundo mandato nunca será como el del primer mandato porque tiene que afrontar la recuperación económica, 30 millones de parados, la caída del PIB y paralelamente el relanzamiento de la construcción europea y el fuerte impulso que a la construcción política otorga el inevitable Tratado de Lisboa que todos esperamos y que él mismo apoya ahora con decisión, y el Tratado de Lisboa marca el inicio de una nueva Unión Europea mucho más fuerte, más sólida y más comprometida.