La T-4, AENA, cojos y clientes
jueves 18 de junio de 2009, 17:42h
Actualizado: 22 de junio de 2009, 22:32h
La famosa Terminal 4 del aeropuerto de Barajas es moderna, elegante, tiene un aparcamiento bien iluminado y una reserva de espacios para vehículos de personas discapacitadas, conforme a la legislación que pretende facilitar la vida y los desplazamientos de este tipo de personas. Todo estupendo. Eso creía yo hasta que hace unos días me di de bruces con la realidad.
Una tarde, en el aparcamiento de la zona de llegadas, sentí una grata sensación al creer que AENA, la entidad que gestiona los aeropuertos españoles, se había tomado en serio el respeto a las normas relacionadas con las personas discapacitadas. Una grúa procedía a retirar un coche estacionado indebidamente en un lugar reservado a estos ciudadanos cojos. Qué alegría me entró en el cuerpo al ver cómo unos operarios ponían un cepo en las ruedas del vehículo infractor.
La operación duró unos diez minutos y cuando estos trabajadores terminaban su digna tarea, salí de mi carro y me acerqué a estas personas para interesarme por la buena acción que estaban llevando a cabo. Me aclararon que no me hiciera ilusiones, que su tarea no tenía nada que ver con una mayor sensibilidad hacia el colectivo discapacitado y, ante mi pregunta por la sanción que se impondría a este mal ciudadano, me informaron de que retiraban el coche porque su dueño era reincidente y querían darle sólo un toque de atención sin multa.
Los aparcamientos para personas discapacitadas, cercanos al ascensor, son usados, algunas veces, por ciudadanos con prisas y que respetan poco a las personas con problemas de movilidad. Me enteré, asimismo, que el infractor no es sancionado por saltarse las normas a la torera y que su coche mal aparcado se coloca en un sitio distinto al que estaba cuando el chulo con prisas lo puso ahí para no arrugar su caro traje por andar más de lo previsto para hacer sus importantes gestiones. Ni multas ni pérdidas de puntos en el carnet de conducir, sólo un tirón de orejas que sale gratis al golfo conductor y que enerva al discapacitado.
AENA no ordena un castigo ejemplar por respeto al cliente, que se sentiría ofendido si le sale caro que se ría de personas que tienen derechos y obligaciones como ciudadanos de primera, que son descendidos de categoría cuando al exigir lo suyo surge un conflicto de intereses con el resto de personas, en el que siempre salen perdedores los discapacitados y triunfadores los que son simplemente clientes.
Es lógico que un cliente se sienta enojado y pueda dejar de ser usuario de la T-4 si por aparcar su coche en un lugar reservado es denunciado por AENA y sufre las mismas consecuencias que otro chulo conductor cuando hace lo mismo en plena calle y es denunciado por un cojo ante la Policía Municipal. Lo que es ilógico es que se ordene a los trabajadores del aparcamiento de la T-4 que sean generosos con los infractores por miedo a perder un cliente, sobre todo si este organismo depende del Ministerio de Fomento, cuyo titular, José Blanco, es un firme defensor de las leyes, sobre todo si van dirigidas a garantizar los derechos de las personas con discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales.