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¡Lo hizo, lo hizo!

viernes 19 de junio de 2009, 15:30h
Actualizado: 21 de junio de 2009, 17:47h
Lleva un mes prácticamente fuera de España, con la cabeza volcada en Madrid 2016; las últimas 72 horas se las pasó a miles de kilómetros de Madrid intentando convencer a los miembros del CIO de medio mundo de que voten a la capital española para organizar los Juegos de Verano, si no es como primera opción, como la segunda. La semana que viene viajará otras dos veces a dos continentes diferentes, y en junio le esperan Nigeria, Roma y Berlín, con el mismo objetivo. Ayer llegaba a Madrid casi a las diez de la noche, y 12 horas después, a las 10 de la mañana, se presentaba en el Ayuntamiento para participar en el debate del estado de la ciudad, y conseguía desarmar a sus adversarios con un mensaje que sorprendió y descolocó a todos: que volverá a ser candidato a la Alcaldía de Madrid en 2011.

Alberto Ruiz-Gallardón es así: siempre imprevisible. Y escurridizo como un pez en el agua. Cuando la oposición ya pensaba atacarle por su abandono de las tareas municipales, ese tener la cabeza y el corazón en otro sitio que tan visible resulta en ocasiones, él les contesta anunciando que no sólo no se va ahora, sino que piensa al menos iniciar el siguiente mandato. Y se lo dice a rivales de un partido que aún no saben si ellos serán los elegidos para hacerle frente en ese cartel electoral, lo que les coloca en una situación de debilidad evidente.

Hay muchas interpretaciones a este “golpe de mano” de Gallardón. Es posible que piense que no va a haber una ocasión, antes de 2012, para dar el ansiado salto a la política nacional. Tal vez haya calculado las posibilidades reales de Madrid 2016 y considere que su mejor posición de cara a ese ascenso a “primera división política” sea, precisamente, como alcalde de una futura capital sede de unos Juegos. O tal vez, que el sillón de regidor es un buen altavoz si se queda sin el proyecto olímpico. La cabeza de Ruiz-Gallardón debe de ser algo así como una olla a presión, o como esas máquinas que se ven en las películas infantiles, que no dejan de producir y producir durante todo el día. Lo cierto es que los años le han convertido en todo un experto en sacar de la chistera de todo menos el predecible conejo blanco.
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