Parece absurdo que en nuestros días, cuando los servicios informáticos abarcan casi todas las actividades y contamos con una reforma sustancial del sistema electoral, aún no puedan proclamarse los resultados de las elecciones del 26 de abril. Incluso algunos funcionarios del Consejo Nacional Electoral (CNE) han insinuado la posibilidad de posponer la toma de posesión de Rafael Correa el próximo 10 de agosto.
Esas elecciones pasarán a la historia como de las más controvertidas, sembradas de impugnaciones, actos violentos y polémica. Para atenuar el malestar y retocar el desdibujado rostro del ‘evento democrático’, desde el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) se afirma que las impugnaciones pendientes más las relativas a las del 14 de junio podrían terminar de ventilarse hoy.
Así lo anunció su Presidenta, quien precisó que las impugnaciones que son 25 y que esperan despacharlas con rapidez para cumplir con el cronograma.
En tanto, desde algunos puntos del país se reportan conflictos por inconformidad con la labor realizada por el CNE, al que observadores internacionales han formulado duros señalamientos.
En Ecuador nos estamos acostumbrando a acudir a las urnas con demasiada frecuencia, y esta ‘lentitud’ para resolver reclamos arroja sobre los organismos electorales demasiados cuestionamientos. Tantos, que parece que es necesario revisar a fondo sus procedimientos y buscar relevos adecuados de sus miembros.
Y es que, como sabemos, al árbol se le conoce por sus frutos.