Uno de los grandes problemas de la futura ley de educación superior del país es la ausencia de un diagnóstico sobre el estado de las instituciones de la misma. Sin un diagnóstico que vaya más allá de las constataciones del sentido común, que rebase el empirismo, el peligro de equivocarse es casi seguro y comprometerá las expectativas de una educación superior de calidad. Todo diagnóstico, actualmente, es complejo y no puede recaer en la linealidad excluyente de la relación causa-efecto.
Las críticas a las instituciones de educación superior son múltiples. Algunas son de fondo; otras, circunstanciales. Muchas son superficiales: cada uno cuenta su historia de acuerdo a cómo le ha ido. No se puede, de un caso aislado, establecer conclusiones generales. Menos, diseñar un proyecto de ley con objetivos punitivos basados en ese caso.
Una de las muestras de la dificultad de tener un diagnóstico adecuado de la educación superior del país lo constituye la construcción de indicadores para evaluar a las universidades y escuelas politécnicas. Porque no existe hoy en día un modelo único de universidad. Ni es única la forma de evaluación.
Por cierto, la evaluación y la acreditación de las instituciones de educación superior provienen de la década de los noventa del siglo pasado, y estos procesos están relacionados directamente a la experiencia empresarial de la que toman sus conceptos. Lo mismo la idea de "ranking" y de medidores de calidad.
Chile, en donde el sistema, la evaluación y la acreditación de las instituciones de educación superior proviene de la década de los noventa del siglo pasado universitario, está por principio fuera de sospecha para nosotros por un doble motivo: se trata de un país dirigido por un Gobierno de coalición centroizquierdista con presidentes socialistas, pero sobre todo porque la calidad académica de sus instituciones está fuera de duda, plantea este tipo de problemáticas.
En un libro reciente del chileno José Joaquín Brunner, Mercados universitarios. El nuevo escenario de la educación superior -presentar es innecesario para los que se mueven en el mundo universitario-, Carlos Peña González establecía como conclusión en la presentación del libro: "No existe, en otras palabras, un solo modelo de universidad y tampoco existe un solo modelo de gobierno universitario, puesto que, como exhibe el amplio panorama de las universidades chilenas de hoy, las hay gobernadas bajo reglas de propiedad, bajo el modelo de Córdoba, entregadas a boards fiduciarios, controladas por la Iglesia, subordinadas a empresas familiares, etc".
Y, ¿quién es el causante de esta diversidad? "La experiencia muestra que el fenómeno de masificación conduce a un sinfín de fisonomías universitarias".
El Estado ecuatoriano va a tener en poco dos instrumentos para evaluar la situación de la educación superior del país más allá de las anécdotas personales y los sinsabores individuales: los informes provenientes del Conea y del Conesup exigidos por el Mandato 14.
¿Que pueden tener fallas u omisiones? Es peor el voluntarismo intransigente. Y de lo que se trata es de iniciar un proceso, no de decir la última palabra.
alandazu@hoy.com.ec