Rosebud. Esa palabra es el ‘macguffin’ más conocido de la historia del cine. Era el nombre de un trineo que no tenía la más mínima importancia en el desarrollo de la película ‘Ciudadano Kane’, pero que servía a Orson Welles para hilar una historia. Un ‘macguffin’ es un hecho irrelevante en el argumento, pero que sirve para captar la atención del espectador, sobre todo en películas de suspense. Pues Mariano Rajoy se ha convertido en el rey político de los ‘macguffin’.
El PP parece echar de menos la adrenalina de la legislatura pasada, cuando salían a manifestarse para bien de todos los españoles porque el Gobierno Zapatero rompía el país, claudicaba ante los terroristas y acababa con la familia tradicional. En vista de sus acertadas denuncias y de sus excelentes resultados electorales, el todavía jefe de la oposición se enroca en acusar al Ejecutivo de dirigir una trama de escuchas contra su partido, en connivencia con Fiscalía, jueces y policías.
Todo por tapar la corrupción interna. Han lanzado el ‘macguffin’ en el que todos los medios de comunicación pican. No sólo ocultan la corrupción, sino lo que realmente importa a los españoles: la economía en plena crisis.
Si la policía persigue a miembros del PP y afines es porque los jueces y los fiscales tienen sospechas más que fundadas de actividades delictivas. Sólo la trama Gürtel ya es suficientemente grave. Toca a nervios claves del aparato económico de Génova. Y la corrupción en Baleares merece una revisión de la época del Ejecutivo de Jaume Matas. Pero en Génova, en vez de dar explicaciones públicas y limpiar los rastros corruptos se lanzan, cual kamikaces, contra el Gobierno.
Se debe reconocer que en el PP son expertos en desviar la atención. Cuando más azota la vergüenza en Palma, los conservadores lanzan un ‘macguffin’ de despiste culpando al Gobierno de esposar a los detenidos ‘populares’. Cuando el caso Correa toca a piezas importantes como Camps o Barberá, se quejan de una conspiración de escuchas.
La estrategia es kamikace porque busca debilitar al Gobierno de cualquier forma sin aportar pruebas, elevando a un nivel muy grave las acusaciones. Se puede recordar que el vicepresidente socialista Narcís Serra tuvo que dimitir por un caso verdadero de escuchas. Algo que parece del pasado lejano. La razón ‘popular’ se centra en subir la tensión política y justificarse ante los suyos mientras se desgasta al Gobierno. Pero la táctica suicida no cuenta con que los cartuchos se queman: ‘rompespañas’, amigos de terroristas, escuchas ilegales. Esto es como el cuento de Pedro y el Lobo. Va a haber un día en que nadie crea tales supuestas barrabasadas. Sin contar, por supuesto, con el desprestigio que siembran sobre la clase política.
Pero lo más triste de los ‘macguffin’ de Rajoy no es eso, que no es poco. El Gobierno de Zapatero lleva meses perdido con la crisis económica y el PP se muestra incapaz ni de presentar una alternativa ni de sumar esfuerzos ante la peor recesión que vive el planeta después de la Segunda Guerra Mundial. En el día en el que vuelve a subir el paro, Rajoy sigue con sus 'macguffin' de las escuchas. ¿Alguien sabe lo que haría el PP con la crisis si estuviese en el Gobierno? ¿O alguien sabe por qué el PP no tiene un discurso económico creible cuando todo el mundo habla de la crisis?
Puede que la economía acabe con la credibilidad del Gobierno de Zapatero para sus votantes, pero desde luego Rajoy no se puede presentar como un líder responsable ni creíble para sacar a España de la crisis. El líder conservador se ha convertido en un maestro de la táctica y del despiste pero, desde luego, no de la acción. A veces, para gobernar, no sirve sólo esperar el desgaste del Ejecutivo. O así debiera ser.