Cuando por fin llegaron al país los viejos aviones de combate que Venezuela graciosamente donó al régimen de la revolución ciudadana, se les recibió con una bienvenida más bien modesta. El día en que debieron venir no lo hicieron y la Fuerza Aérea Ecuatoriana tuvo la mala suerte de que en el acto de su aniversario, en el que intervendrían los venerables aparatos, uno de los flamantes helicópteros comprados a la India sufrió un aparatoso accidente.
Pero volvamos al “regalo” de Chávez. Sus pilotos saludaron con sus pares ecuatorianos, y en perfecto talante militar saludaron y gritaron al final: “Patria, socialismo o muerte”. La macabra invocación nos da una pista de hacia qué tipo de fuerzas armadas se encamina el proyecto del socialismo del siglo XXI, que compartimos con Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba.
Ya no se trata de una institución castrense dirimente, como nos quejábamos antaño en cuanto a las nuestras, cuando desempeñaron un papel decisivo en los golpes de Estado que tuvimos en el siglo pasado y en el presente.
Se trata de soldados adoctrinados, servidores de la causa socialista, listos para inmolarse en defensa de ese sistema social.
Desde luego, del siniestro lema se desprende que están listos a hacer correr la sangre por ese sistema, bien sea de enemigos externos como de quienes dentro de la sociedad venezolana no comparten esa ideología. Causa pavor oír en una tierra de paz como la ecuatoriana, una consigna como esa que, abierta y claramente, anuncia una posible lucha fraticida. Pero también es un alerta para todos. El que tenga oídos, que oiga.