www.diariocritico.com
Berlusconi en los altares

Berlusconi en los altares

lunes 21 de diciembre de 2009, 19:20h
Actualizado: 23 de diciembre de 2009, 10:52h
Una semana después de la agresión sufrida por Silvio Berlusconi en Milán, su popularidad ha aumentado 7 puntos. El primer ministro cuenta hoy con el consenso del 57 por 100 de los italianos, según la última encuesta publicada por el Corriere della Sera.

 Opinión generalizada, por tanto, es que el ataque lo ha reforzado, hasta el punto de que en ambientes diplomáticos se comenta que, incluso en la desgracia, Berlusconi es afortunado: A un destacado embajador latinoamericano hemos oído decir que “todo le ha ido tan bien a Silvio Berlusconi tras la agresión de Massimo Tartaglia que si toda la operación la hubiera montado el propio Berlusconi no le hubiera salido tan redonda”.

En efecto, Berlusconi era un primer ministro completamente acosado política y judicialmente antes de su célebre mitin en Milán. Para evitar enfrentarse a los procesos que tiene pendientes, Berlusconi planeaba cambiar la Constitución lo que incluía, entre otras cosas, una reforma de la justicia y dar más poderes al presidente del gobierno. Seguro del consenso popular, Silvio Berlusconi barajaba también la posibilidad de un adelanto de las elecciones generales, previstas dentro de tres años y medio. Ante ese peligro, algunos líderes del centro derecha, entre ellos el democristiano Casini, hablaron de la necesidad de crear un frente común para echar del poder a Silvio Berlusconi. 

 Que algo muy importante estaba por suceder en la política italiana lo demuestra el hecho de que Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados, una de las figuras más importantes en el actual panorama político del país, dijera a algunos de sus interlocutores extranjeros, uno de ellos un destacado político español, que dentro de un año él no estaría ocupando la presidencia del Congreso. Gianfranco Fini aparecía como la única alternativa al berlusconismo, opinión que él mismo alimentaba. Sin duda, para mucho analistas, Fini, en permanente contraste con Berlusconi, a pesar de ser ambos cofundadores del partido Pueblo de la Libertad (PDL), es el gran derrotado ante la nueva situación política que se ha creado.   

Tras la agresión a Berlusconi, los italianos han comenzado a preocuparse por las consecuencias del clima de odio que se había creado en el país, alimentado no sólo por la izquierda, como dice Silvio Berlusconi, sino también por el propio primer ministro y sus halcones. El país se ha radicalizado aún más si cabe. De hecho, en la citada encuesta del Corriere aparece un dado alarmante: entre un 20 y un 25 por 100 de los italianos aprueba la agresión de Massimo Tartaglia, porque consideran a Berlusconi “un peligro” para la democracia italiana. 

  En este clima de preocupación y odio, la mayoría de los líderes políticos consideran que se debe cambiar de estrategia y crear un clima favorable para realizar de forma conjunta las reformas que el país necesita. El objetivo es reformar la Constitución y aprobar una ley que salve a Berlusconi de los procesos pendientes. Se trataría de una especia de perdón de Estado, algo que levanta ampollas en algunos sectores, caso de Di Pietro, e incluso en el mismo Partido Democrático.

 La figura de Berlusconi, en definitiva, sale así casi a los altares, incluso el periódico de la familia lo corona. El célebre humorista Forattini publica hoy una viñeta en Il Giornale en la que aparece sobre la cabeza de un sonriente Berlusconi, que hace el signo de la victoria, la estatuilla de la catedral de Milán, la misma reproducción que le había lanzado Tartaglia.

 Como en política son fundamentales los gestos y la escenificación, algo en lo que Berlusconi es un maestro, ya se prepara una entrevista entre el primer ministro y el nuevo líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, en Palacio Chigi. Ese encuentro marcará el punto de partida para iniciar el diálogo sobre la reformas que el país necesita.  

Por ahora, todos dicen que desean esas reformas. Pero como suele suceder en los últimos tiempos, nadie hace concesiones y se suceden las peleas. Es una comedia que los italianos conocen muy bien porque asisten a ella desde hace 17 años, desde que se inauguró una nueva etapa política, tras la “revolución” de manos limpias, que marginó a toda una clase política y permitió el acceso al poder a Silvio Berlusconi, el gran protagonista desde entonces de la política italiana.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios