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¡Adiós, Maragall!

Se va Maragall. Se va un gran alcalde y un mal President.

Ahora renuncia formalmente a la presidencia del Partido Socialista de Cataluña. Y lo hace en carta pública a La Vanguardia, a modo de balance, regañina, despedida y testamento. A su estilo.

¿Cuál ha sido la contribución de Pasqual Maragall a Cataluña? Habrá que analizarlo con detenimiento. Pero simplificando mucho, sobresalen dos cosas, que serán objeto de diversas interpretaciones y valoraciones.

Con los Juegos Olímpicos –que nunca agradecerá bastante a Samaranch, presidente entonces del COI-, ha sido el alcalde que proyectó Barcelona en el mundo. Y con motivo de este inolvidable acontecimiento, transformó radicalmente la capital catalana, en gran parte –como reconoce noblemente- recogiendo mucho del sueño de su antecesor Porcioles, que admiraba. “Para mi, usted siempre será el señor Porcioles”, le dijo en una entrevista que les realicé en TVE.

Como President, casi fugaz, de la Generalitat, se empeñó en la aprobación de un nuevo y discutible Estatut creyendo contar con la complicidad de Zapatero, al que primeramente había ayudado de forma decisiva a ser elegido secretario general del PSOE, y después a poder ser investido como Presidente del Gobierno. Zapatero no cumplió hasta el final su palabra y luego le traicionó, primero pactando el texto con sus adversarios (CiU), y después descabalgándole de la Presidencia de la Generalitat a favor del actual titular José Montilla.

Pero Maragall, por otra parte, en nombre de su pacto tripartito de catalanismo de izquierdas, no solo echó de la Generalitat el Govern del nacionalismo pujolista, sino que, además, ha sido quien se ha cargado el nacionalismo catalán, lanzándolo al ostracismo de las principales instituciones de poder, y debilitándolo quizás irreversiblemente dando un vuelco radical a la política catalana. De la Cataluña en que todo parecía – o debía aparecer- nacionalista, se ha pasado a la Cataluña de la rebelión de la nueva masa sociológica, en que el nacionalismo tradicional está bastante acorralado. Es el fenómeno del paso del Pujolismo al Montillismo.

Con estas forjas repletas de logros, decepciones, errores y ambiciones utópicas de cambiar España de un soñador genial y malogrado, se va Pasqual Maragall. No sabemos –quizás él tampoco- hacia donde. Gracias y ¡adiós, Maragall!

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